El hombre es un ser problemático. Su problemática
deriva, ante todo, de su naturaleza inteligente y libre.
Gracias a su inteligencia, el hombre puede
concebir un fin y escoger, entre los múltiples medios, los más aptos
para conseguirlo. Todo ello implica un análisis de las distintas
posibilidades que, a su vez, involucran una problemática.
La voluntad libre es aquella capacidad por la que
el hombre, puesto frente a dos o más caminos que solicitan su
decisión, puede pronunciarse libremente por uno de ellos. Esto,
naturalmente, implica la solución de un problema. Pero el hombre es,
a la vez, un ser social. Dicha característica es inherente a su
naturaleza.
Desde siempre los hombres han buscado y buscan
siempre modelos, maestros, héroes a quienes seguir e imitar. Y
caudillos que les ayuden a solucionar sus problemas.
El pueblo de Israel buscó las soluciones
básicamente en los profetas.
Los pueblos griegos en la filosofía.
El imperio romano en los oradores y poetas.
El hombre contemporáneo, agobiado por multitud de
problemas, acude preferentemente a la ciencia, la técnica y la
reflexión filosófica.
Surgen hoy también pseudo profetas que pretenden
dar la solución a los problemas del hombre mediante la prospectiva
sociológica.
Y podemos preguntarnos ¿y realmente el hombre
soluciona por esas vías sus problemas?
Es una evidencia que tanto la inteligencia como
la voluntad y la capacidad de respuesta del hombre son limitadas. El
hombre solo puede proporcionar soluciones parciales.
Esta realidad limitada del hombre, conduce a
muchos a la desesperación, al desánimo, al pesimismo, a tener un
sentido trágico de la vida.
El hombre no acaba de aceptar que es mera
criatura y como tal limitada y sometida al absoluto. No es Dios, mal
que le pese. Esto es una realidad constatable a cada instante de su
corta vida.
A pesar de eso, el hombre no se resiste a la
tentación de querer ser "como Dios" (tentación primordial o pecado
original).
Jesús, ante esta incapacidad y angustia del
hombre de encontrar Caminos absolutos, se presenta como "El Camino,
la Verdad y la Vida". El por ser Dios hecho hombre, Hombre-Dios se
nos ofrece como la posibilidad de resolver el "problema" porque
conoce la realidad humana y toda la creación de modo absoluto: "Yo
conozco a mis ovejas... y les doy la vida eterna" (Jn 10,28)
El hombre a lo largo de su historia ha buscado
salida por muchos caminos, y toda la historia es una flagrante
demostración de que ninguno le ha podido ofrecer lo que busca.
Cristo de nos ofrece como ese Camino, el único y definitivo Camino
capaz de llevar al hombre a la plenitud que anhela y busca
desasosegadamente.
Encontrar a Cristo y entrar en su Camino es
encontrar el Sentido primero y último de la existencia. La razón de
ser de todo. Y el modo de caminar en un "crescendo" interrumpido
hasta la eternidad infinita.
Jesús es el Camino que nos lleva al Padre. La
Verdad que nos ayuda a entender el Misterio todo lo creado y la Vida
que todos buscamos, la Vida en plenitud.