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-------------------------------  Actualizado el martes 06 de julio de 2004   --------------------------

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El amor dimana de la naturaleza misma del hombre que es un ser social. La sociabilidad nace de la limitación misma del ser humano. El yo encerrado en sus estrechos límites siente una serie de ansias y exigencias imposibles de ser realizadas en el mismo sujeto. El yo sale entonces al encuentro del tú en busca de su complemento.

Sin embargo, la experiencia enseña que, a pesar de las profundas comunicaciones entre las personas y a pesar de su mutua y total entrega, ningún ser humano puede satisfacer plena y definitivamente todas las aspiraciones del otro. El descubrimiento de un defecto, una infidelidad o tantos otros azares de la vida, echan por tierra las esperanzas concebidas en el corazón del hombre.

Frente a este amor de “indigencia”, pues deriva de la limitación humana, surge el deseo de un amor de plenitud. En este caso la persona sale al encuentro del otro, pero no buscándose a sí mismo en el otro, sino entregándose al otro, con todo lo que tiene y es sin esperar nada a cambio. Este amor es imposible entre seres humanos. Y sin embargo el ser humano lo busca y lo necesita para poder llegar a su plenitud. El hombre no es pleno hasta que no se siente amado con ese amor benevolente. Este amor benevolente se realiza desde la entrega libre, voluntaria y generosa al otro sin buscarse a sí mismo y poniendo el bien del amado por delante y por encima del propio bien y necesidad.

Este es el caso de Cristo. El sale al encuentro del hombre, no porque necesite al hombre, sino por el solo y puro bien del hombre. Se dá totalmente sin buscarse a sí mismo, perdiéndolo todo por amor al hombre. Si nos detenemos en el concepto del amor concebido por las mentes más preclaras de la humanidad: Platón, Aristóteles, Plotino, vemos que ellos llegan solo al amor de “indigencia”, “concupiscente”. Para Platón el amor implica una aspiración hacia lo moralmente bello. Es el afán del amante por la excelencia y perfección del amado. Este amor implica la búsqueda de parte del ser inferior de su complemento en algo superior.

Para Aristóteles el amor es una atracción por la forma pura de la divinidad. Aquí se cumple la forma universal: “el ser perfecto ejerce una atracción sobre el ser imperfecto”.

Para Plotino el amor es la expansión de la bondad. Es una efusión amorosa. Es un rebasar de la plenitud por necesidad intrínseca.

Cristo no necesita, en absoluto, expandirse y comunicarse para ser la plenitud y vivir en la plenitud del amor. El no ama porque necesita algo de alguien. Ama por pura gratuidad. Por pura benevolencia, olvidándose de sí y volcándose totalmente en el otro, buscando solo el bien del otro aún a costa del suyo propio. Ese es el amor que resulta de su entrega sacrificial en la Cruz.
 

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