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DIOS ES AMISTAD
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"Dios es
Amor" (1Jn 4,8). He aquí la verdad más sublime, divinamente
inspirada, anunciada por Jesús, y formulada por Juan en su primera
carta. Y porque Dios es amor, Dios tiene que ser Trinidad; si, como
blasfemamente dijo un escritor moderno, fuera el "eterno solterón
del universo" ¿cómo podría ser amor, comunicación, entrega, si no
tuviera a quién donarse y con quien comunicarse? Por eso Dios es
comunidad de personas, tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios
es, pues, comunidad, familia, pero cuyos miembros están vinculados
con lazos de amistad, no de dependencia de consaguinidad como en la
familia humana. Porque son "iguales en naturaleza y en dignidad",
como los verdaderos amigos; porque su correspondencia en el amor es
absoluta y total, como en los verdaderos amigos.

"Dios
es amistad". Amistad más que amor, porque el amor no siempre indica
correspondencia, pero en Dios la correspondencia entre las personas
es absoluta y sin la mínima reserva. Dios es amistad en su ser
íntimo.
Y por eso toda relación de amistad,
sea en el ámbito familiar, conyugal o de personas sin vinculación
carnal, es icono de Dios. El libro del Génesis nos presenta bajo la
figura de Adán y Eva a los hombres y mujeres de todos los tiempos
anhelando ser "como Dios", ser dioses. No está mal su ambición, pero
se equivocaron de imagen de Dios. Entienden a Dios como un autócrata
despótico cuyo afán supremo es hacerse respetar debidamente. No
pensaban en el Dios amistad, total donación amorosa.
En la
revelación hay que decir que se da una especie de camino de ida y de
vuelta. Por una parte, Dios para auto revelarse y para definir sus
relaciones con los hombres y con su pueblo acude a las realidades y
experiencias humanas más bellas y nobles que se dan en la vida: se
sirve de la relación más profunda y gratificante: la relación de
amistad que aplica a Dios en grado sumo. Digamos que cuando Dios se
auto define como amistad, proclama la indiscutible trascendencia de
la relación amistosa. Pero, al mismo tiempo, se nos presenta como
modelo de referencia. Las personas hemos de encarnar en nuestras
vidas las relaciones de amor gratuito, de la libre entrega que une a
la comunidad amistosa de la Trinidad.
Jesús
en la última cena pide al Padre que reproduzcamos en nuestra vida
comunitaria de Iglesia de Jerusalén: "Que todos sean uno como Tú y
yo, Padre, somos uno; así que también ellos consumen su unidad" (Jn
17,22-23); es decir, pide que seamos imagen de la Trinidad, que
hagamos realidad su amistad trinitaria.
Los
cristianos, pues, en la relación con las personas que nos son
próximas, o con aquellas a las que podemos aproximarnos, hemos de
reproducir, a nivel humano, los rasgos de la relación trinitaria:
libertad. igualdad, intimidad, comunión, cordialidad, respeto.
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