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-------------------------------  Actualizado el martes 06 de julio de 2004   --------------------------

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DIOS ES AMISTAD

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     "Dios es Amor" (1Jn 4,8). He aquí la verdad más sublime, divinamente inspirada, anunciada por Jesús, y formulada por Juan en su primera carta. Y porque Dios es amor, Dios tiene que ser Trinidad; si, como blasfemamente dijo un escritor moderno, fuera el "eterno solterón del universo" ¿cómo podría ser amor, comunicación, entrega, si no tuviera a quién donarse y con quien comunicarse? Por eso Dios es comunidad de personas, tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

     

      Dios es, pues, comunidad, familia, pero cuyos miembros están vinculados con lazos de amistad, no de dependencia de consaguinidad como en la familia humana. Porque son "iguales en naturaleza y en dignidad", como los verdaderos amigos; porque su correspondencia en el amor es absoluta y total, como en los verdaderos amigos.

      "Dios es amistad". Amistad más que amor, porque el amor no siempre indica correspondencia, pero en Dios la correspondencia entre las personas es absoluta y sin la mínima reserva. Dios es amistad en su ser íntimo.

Y por eso toda relación de amistad, sea en el ámbito familiar, conyugal o de personas sin vinculación carnal, es icono de Dios. El libro del Génesis nos presenta bajo la figura de Adán y Eva a los hombres y mujeres de todos los tiempos anhelando ser "como Dios", ser dioses. No está mal su ambición, pero se equivocaron de imagen de Dios. Entienden a Dios como un autócrata despótico cuyo afán supremo es hacerse respetar debidamente. No pensaban en el Dios amistad, total donación amorosa.

      En la revelación hay que decir que se da una especie de camino de ida y de vuelta. Por una parte, Dios para auto revelarse y para definir sus relaciones con los hombres y con su pueblo acude a las realidades y experiencias humanas más bellas y nobles que se dan en la vida: se sirve de la relación más profunda y gratificante: la relación de amistad que aplica a Dios en grado sumo. Digamos que cuando Dios se auto define como amistad, proclama la indiscutible trascendencia de la relación amistosa. Pero, al mismo tiempo, se nos presenta como modelo de referencia. Las personas hemos de encarnar en nuestras vidas las relaciones de amor gratuito, de la libre entrega que une a la comunidad amistosa de la Trinidad.

 

      Jesús en la última cena pide al Padre que reproduzcamos en nuestra vida comunitaria de Iglesia de Jerusalén: "Que todos sean uno como Tú y yo, Padre, somos uno; así que también ellos consumen su unidad" (Jn 17,22-23); es decir, pide que seamos imagen de la Trinidad, que hagamos realidad su amistad trinitaria.

 

     Los cristianos, pues, en la relación con las personas que nos son próximas, o con aquellas a las que podemos aproximarnos, hemos de reproducir, a nivel humano, los rasgos de la relación trinitaria: libertad. igualdad, intimidad, comunión, cordialidad, respeto.

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