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-------------------------------  Actualizado el martes 06 de julio de 2004   --------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

 

EDUCAR PARA LA PAZ EXIGE EDUCAR PARA LA MISERICORDIA

Desde que el Papa Pablo VI instituyó la Jornada Mundial de la Paz en el 1 de enero de 1968, el Santo Padre envía a la Iglesia, a los Jefes de las Naciones y a todos los "hombres de buena voluntad" un mensaje sobre el supremo valor de la Paz. Todos los temas tratados en estos mensajes son de gran actualidad. Y juntos forman un hermoso glosario sobre la Paz, muy útil para todos aquellos que, como los miembros del Movimiento Apostólico de la Divina Misericordia, queremos colaborar con Dios en el establecimiento de su Paz entre los hombres. Sabemos muy bien que no podrá darse la Paz sin reconciliación, y esta no es posible sin misericordia.

Este año el Papa Juan Pablo II nos ha llamado, en su Mensaje de la Jornada de la Paz el 1 de enero, a ser constructores de Paz, educando, a todos los niveles, para la Paz. "Esta educación es hoy, dice el Papa en su discurso, más urgente que nunca porque los hombres, ante las tragedias que siguen afligiendo a la humanidad, están tentados de abandonarse al fatalismo, como si la paz fuera un ideal inalcanzable".

La Iglesia, maestra de paz, ha enseñado siempre y sigue enseñando una evidencia muy sencilla: "La paz es posible", porque es necesaria para la vida y el desarrollo integral del hombre.

Para conseguir la paz nos vuelve a recordar el Santo Padre las cuatro bases necesarias, indicadas por el Beato Juan XXIII, en su Encíclica "Pacem in terris": la Verdad, la Justicia, el Amor y la Libertad. Y son estos cuatro ideales los que hay que desarrollar en el corazón de la juventud para una adecuada "educación para la Paz". Solo así será posible esperar una era mejor para toda la humanidad.

Al final de su espléndido mensaje, Juan Pablo II concluye diciendo: "Considero obligado recordar que, para instaurar la verdadera paz en el mundo, la justicia ha de complementarse con la caridad... Los pueblos deben ser formados en el respeto del derecho. Pero no se llegará al final del camino si la justicia no se integra con el amor. A veces, justicia y amor aparentan ser fuerzas antagónicas. Y verdaderamente no son más que las dos caras de una misma realidad que deben complementarse mutuamente. La historia nos enseña, a menudo, que la justicia no consigue liberarse del rencor, del odio e incluso de la crueldad de la venganza. Por sí sola la justicia no basta. Más aún, puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor."

Pero el Papa sabe muy bien que para que el amor pueda echar raíces en el corazón del hombre es necesaria una labor de reconciliación previa, muy profunda. El perdón y la misericordia son necesarios para solucionar de raíz los problemas, tanto de los individuos como de los pueblos. "¡No hay paz sin perdón!". Afirma rotundamente el Santo Padre: "El mundo no encontrará soluciones verdaderas a los graves problemas que lo aquejan hasta que no se decida superar la lógica de la estricta justicia para abrirse a la del perdón."

Perdonar para poder ser perdonados (Lc 6,37).

"Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán Misericordia" (Mt 5,7). Pero no podemos perdonar con misericordia sin la Gracia de Dios. Es Él quien nos hace capaces de reconciliarnos con nuestros enemigos, de amarlos y de firmar la paz con ellos. Cuando el hombre rompe la comunión con su Creador rompe la comunión con las criaturas y con sus semejantes. Por eso el gran drama del hombre moderno es el darle la espalda a Dios. Vivir como si Dios no existiera. Porque de ese modo el hombre sin Dios se queda encerrado en sus propias limitaciones y egoísmos incapaz de perdonar con misericordia y por lo tanto de amar a sus enemigos.

"Solo en una humanidad en la que reina la civilización del amor, podrá gozar de una paz auténtica y duradera".

El Papa termina su mensaje llamándonos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, pero de modo especial a los cristianos a colaborar en esta tarea de establecer en todos los corazones la Paz y el Amor de Cristo, el único que puede salvarnos de la corriente de violencia que atormenta al mundo. Y para esta tarea la labor educadora es primordial y necesaria a todos los niveles. He aquí una grande, inmensa, tarea que se nos encomienda en este inicio del año 2004.

Diego Martínez, Pbro.

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