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-------------------------------  Actualizado el martes 06 de julio de 2004   --------------------------

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EL MENSAJE DE LA CRUZ

La muerte en Cruz de Cristo fue el medio que la infinita Sabiduría escogió para salvar al mundo. Y para demostrar que la fuerza y la sabiduría humana son incapaces de conseguir la Redención, ha sido dada la fuerza salvadora a aquello que, según medidas humanas, parece débil y loco: el que no quiere ser nada por sí mismo, sino que deja que la fuerza de Dios obre sola en él, el que se ha despojado de sí mismo y "se ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fl 2,7-8)

La fuerza salvadora, es decir, el poder de resucitar a la Vida a quienes estaban muertos a la vida divina por causa del pecado. Esta fuerza salvadora de la Cruz ha pasado a la palabra de la Cruz y, a través de esta palabra, se comunica a cuantos la reciben y se abren a ella sin pretender milagros ni fundamentos de humana sabiduría: en ellos se convierte en esa fuerza vivificadora y formadora que llaman Ciencia de la Cruz.

El mismo San Pablo ha cumplido esto a la perfección: "Mas yo, por la misma ley he muerto a la Ley, para vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí".

Porque cuantos han sido bautizados en Cristo han sido bautizados en su muerte. Se han sumergido en su vida para ser miembros de su cuerpo y, como tales, padecer y morir con El, pero también resucitar con El a la vida eterna y divina.

Esta vida llegará a nosotros plenamente en el día de su gloria. Sin embargo, a ahora tomamos parte en El cuando creemos: creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. Este fe es la que nos permite ser una cosa en El con la Unidad que tienen los miembros del cuerpo con la cabeza y abre para nosotros la entrada a la vida y el principio de la futura glorificación: de aquí que sea la Cruz nuestro único título de gloria: "Cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo" (Gal 6,14)

El que ha optado por Cristo, está muerto para el mundo y el mundo para él. La Cruz no es un fin en sí misma. Ella se eleva y empuja hacia lo alto. Por esta razón, no es solamente símbolo, sino arma poderosa de Cristo, el cayado de pastor, con que el divino David sale a combatir contra el Goliat infernal y con el cual llama con autoridad a la puerta del cielo y se le abre. Desde el día en que Cristo subió a la Cruz fluyen torrentes de luz divina que envuelven a cuantos siguen al Crucificado.

Edit Stein (La Ciencia de la Cruz)

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