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EL MENSAJE DE LA CRUZ

La muerte en Cruz
de Cristo fue el medio que la infinita Sabiduría escogió para salvar
al mundo. Y para demostrar que la fuerza y la sabiduría humana son
incapaces de conseguir la Redención, ha sido dada la fuerza
salvadora a aquello que, según medidas humanas, parece débil y loco:
el que no quiere ser nada por sí mismo, sino que deja que la fuerza
de Dios obre sola en él, el que se ha despojado de sí mismo y "se
ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fl 2,7-8)
La fuerza
salvadora, es decir, el poder de resucitar a la Vida a quienes
estaban muertos a la vida divina por causa del pecado. Esta fuerza
salvadora de la Cruz ha pasado a la palabra de la Cruz y, a través
de esta palabra, se comunica a cuantos la reciben y se abren a ella
sin pretender milagros ni fundamentos de humana sabiduría: en ellos
se convierte en esa fuerza vivificadora y formadora que llaman
Ciencia de la Cruz.
El mismo San Pablo
ha cumplido esto a la perfección:
"Mas yo, por la
misma ley he muerto a la Ley, para vivir para Dios; estoy
crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí.
Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios,
que me amó y se entregó por mí".
Porque cuantos han
sido bautizados en Cristo han sido bautizados en su muerte. Se han
sumergido en su vida para ser miembros de su cuerpo y, como tales,
padecer y morir con El, pero también resucitar con El a la vida
eterna y divina.
Esta vida llegará
a nosotros plenamente en el día de su gloria. Sin embargo, a ahora
tomamos parte en El cuando creemos: creemos que Cristo ha muerto por
nosotros para darnos la vida. Este fe es la que nos permite ser una
cosa en El con la Unidad que tienen los miembros del cuerpo con la
cabeza y abre para nosotros la entrada a la vida y el principio de
la futura glorificación: de aquí que sea la Cruz nuestro único
título de gloria: "Cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe sino
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está
crucificado para mí y yo para el mundo" (Gal 6,14)
El que ha optado
por Cristo, está muerto para el mundo y el mundo para él. La Cruz no
es un fin en sí misma. Ella se eleva y empuja hacia lo alto. Por
esta razón, no es solamente símbolo, sino arma poderosa de Cristo,
el cayado de pastor, con que el divino David sale a combatir contra
el Goliat infernal y con el cual llama con autoridad a la puerta del
cielo y se le abre. Desde el día en que Cristo subió a la Cruz
fluyen torrentes de luz divina que envuelven a cuantos siguen al
Crucificado.
Edit Stein (La Ciencia de la Cruz) |