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-------------------------------  Actualizado el martes 06 de julio de 2004   --------------------------

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LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LA FAMILIA
 


 

La primera obligación de los padres dentro del proceso de la educación del niño es hacerlo tomar contacto con Dios. Para los cristianos con Jesucristo mediante el Bautismo. Mediante dicho Sacramento el niño llega a formar parte de la Iglesia, cuerpo místico cuya cabeza es Cristo. El niño penetra en la Iglesia, penetra a la vez en la Familia Divina, transformándose en "templo vivo del Espíritu Santo".

La educación religiosa del niño debe comenzar muy pronto. Dado que el niño pequeño capta mucho más temprano las actitudes de las personas que lo rodean, de lo que él puede expresar con sus palabras, por lo cual al ver cómo rezan sus padres, ya aprovecha sus enseñanzas, aunque todavía no puede expresarlo en la oración con sus propias palabras. La imagen de sus padres rezando ante una imagen queda muy profundamente grabada en el inconsciente del niño y le acompañará durante toda su vida. El capta mediante las imágenes determinados gestos de sus padres, como la señal de la cruz, el rezo de rodillas, el movimiento de los labios en la oración. El niño fácilmente siente que existe Alguien con quien los padres hablan le dirigen sus oraciones.

El lenguaje del gesto es captado por los niños mucho antes que el lenguaje articulado en palabras. De lo cual fluye que la educación religiosa del niño comienza antes que éste alcance cierto grado de desarrollo en la comunicación. A muy temprana edad los padres ponen al niño en contacto con Papá Dios. De esta manera la oración de los padres une al niño con Dios, mucho antes que lo haga la oración litúrgica en el templo. Cuando el niño empieza a hablar, la madre debe enseñarle oraciones cortas y entendibles a su mente infantil y siempre con imágenes, dibujos, signos. La forma cómo los padres enseñan a rezar al pequeño quedará grabada para toda la vida en la mente y la sensibilidad del hoy niño, mañana adulto. El niño siente e imita a los padres. Si éstos le hacen rezar en forma mecánica y apurada, sin poner en la oración alma y corazón, él lo hará de la misma manera, imitándolos. Un rezo con entusiasmo y convicción modela la mente y la sensibilidad del niño muy tempranamente y hace aparecer la confianza y el cariño hacia Dios. Los padres han de comunicar al niño una imagen de Dios muy cálida y tierna, un Dios Papá, amigo, cercano, cariñoso, simpático, bueno. Nada de justicia, de pecado, de miedo... A esta edad esos criterios hacen mucho daño y erosionan para siempre el alma del niño. Una imagen cercana y cariñosa de Dios suscita en el niño una actitud de alegría y confianza y una relación muy natural, como con un amigo.

Desde muy temprano, al niño hay que insistirle que la oración une con Dios. Que Dios es un Padre bueno que vela por nosotros y no hablarle tanto de los "favores" y "beneficios" que ella puede reportarnos, esto al niño no le interesa nada. Debemos poner el acento en la Bondad y el Amor de Dios hacia todos y especialmente hacia los niños. También hay que hablarle de María, como madre buena, la Madre de Jesús, que cuida de los niños con un amor especial y entrañable. Hacerle sentir su presencia amorosa y hacerle sentir que nunca está solo, que junto a sus padres vigilan y cuidan de él Dios y la Virgen María.

Los padres cristianos nunca deben olvidar que la transmisión de la fe es una de las responsabilidades más graves que tienen respecto a sus hijos y que esta transmisión ha de iniciarse desde el mismo momento de la concepción. Recuérdese la trascendental comunicación intrauterina que se establece entre el niño y la madre. Las actitudes, sentimientos y acciones de ella influyen decisivamente en el desarrollo de la dimensión religiosa del niño. Y ya nacido, desde el primer día, la pareja ha de comunicar adecuadamente en cada etapa al niño la vida en Dios. Si en estas etapas de la infancia no el niño no recibe la debida educación religiosa, le será mucho más difícil de mayor poder acoger el Misterio de Dios. La fe nace en la familia y en ella crece y se desarrolla naturalmente. Juan Pablo II nos ha dicho: "El contacto con Jesús, desde los primeros momentos de la concepción, hace crecer y desarrollarse la Vida. Lejos de El, sólo hay oscuridad y muerte, que crece en la medida que crece la persona"

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