La
primera obligación de los padres dentro del proceso de la educación
del niño es hacerlo tomar contacto con Dios. Para los cristianos con
Jesucristo mediante el Bautismo. Mediante dicho Sacramento el niño
llega a formar parte de la Iglesia, cuerpo místico cuya cabeza es
Cristo. El niño penetra en la Iglesia, penetra a la vez en la
Familia Divina, transformándose en "templo vivo del Espíritu Santo".
La
educación religiosa del niño debe comenzar muy pronto. Dado que el
niño pequeño capta mucho más temprano las actitudes de las personas
que lo rodean, de lo que él puede expresar con sus palabras, por lo
cual al ver cómo rezan sus padres, ya aprovecha sus enseñanzas,
aunque todavía no puede expresarlo en la oración con sus propias
palabras. La imagen de sus padres rezando ante una imagen queda muy
profundamente grabada en el inconsciente del niño y le acompañará
durante toda su vida. El capta mediante las imágenes determinados
gestos de sus padres, como la señal de la cruz, el rezo de rodillas,
el movimiento de los labios en la oración. El niño fácilmente siente
que existe Alguien con quien los padres hablan le dirigen sus
oraciones.
El
lenguaje del gesto es captado por los niños mucho antes que el
lenguaje articulado en palabras. De lo cual fluye que la educación
religiosa del niño comienza antes que éste alcance cierto grado de
desarrollo en la comunicación. A muy temprana edad los padres ponen
al niño en contacto con Papá Dios. De esta manera la oración de los
padres une al niño con Dios, mucho antes que lo haga la oración
litúrgica en el templo. Cuando el niño empieza a hablar, la madre
debe enseñarle oraciones cortas y entendibles a su mente infantil y
siempre con imágenes, dibujos, signos. La forma cómo los padres
enseñan a rezar al pequeño quedará grabada para toda la vida en la
mente y la sensibilidad del hoy niño, mañana adulto. El niño siente
e imita a los padres. Si éstos le hacen rezar en forma mecánica y
apurada, sin poner en la oración alma y corazón, él lo hará de la
misma manera, imitándolos. Un rezo con entusiasmo y convicción
modela la mente y la sensibilidad del niño muy tempranamente y hace
aparecer la confianza y el cariño hacia Dios. Los padres han de
comunicar al niño una imagen de Dios muy cálida y tierna, un Dios
Papá, amigo, cercano, cariñoso, simpático, bueno. Nada de justicia,
de pecado, de miedo... A esta edad esos criterios hacen mucho daño y
erosionan para siempre el alma del niño. Una imagen cercana y
cariñosa de Dios suscita en el niño una actitud de alegría y
confianza y una relación muy natural, como con un amigo.
Desde muy temprano, al niño hay que insistirle que la oración une
con Dios. Que Dios es un Padre bueno que vela por nosotros y no
hablarle tanto de los "favores" y "beneficios" que ella puede
reportarnos, esto al niño no le interesa nada. Debemos poner el
acento en la Bondad y el Amor de Dios hacia todos y especialmente
hacia los niños. También hay que hablarle de María, como madre
buena, la Madre de Jesús, que cuida de los niños con un amor
especial y entrañable. Hacerle sentir su presencia amorosa y hacerle
sentir que nunca está solo, que junto a sus padres vigilan y cuidan
de él Dios y la Virgen María.
Los
padres cristianos nunca deben olvidar que la transmisión de la fe es
una de las responsabilidades más graves que tienen respecto a sus
hijos y que esta transmisión ha de iniciarse desde el mismo momento
de la concepción. Recuérdese la trascendental comunicación
intrauterina que se establece entre el niño y la madre. Las
actitudes, sentimientos y acciones de ella influyen decisivamente en
el desarrollo de la dimensión religiosa del niño. Y ya nacido, desde
el primer día, la pareja ha de comunicar adecuadamente en cada etapa
al niño la vida en Dios. Si en estas etapas de la infancia no el
niño no recibe la debida educación religiosa, le será mucho más
difícil de mayor poder acoger el Misterio de Dios. La fe nace en la
familia y en ella crece y se desarrolla naturalmente. Juan Pablo II
nos ha dicho: "El contacto con Jesús, desde los primeros momentos de
la concepción, hace crecer y desarrollarse la Vida. Lejos de El,
sólo hay oscuridad y muerte, que crece en la medida que crece la
persona"