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EL
FUNDAMENTO DE LA FAMILIA CRISTIANA 1

El rasgo más absoluto
de la dignidad humana es su capacidad de ser libre y soberano de
sí mismo. En esto somos imagen de Dios que es la Libertad misma.
Todos sabemos que el matrimonio cristiano se basa en la libertad
de los contrayentes. Sin libertad el matrimonio es nulo de raíz.
La primera pregunta que el sacerdote hace a los contrayentes, en
la celebración del sacramento del matrimonio, es sobre si son
libres y no están coaccionados ni influenciados por nada que pueda
condicionar o anular su libertad. Solo cuando los contrayentes
responden afirmativamente a esta pregunta, se procede a la
celebración del matrimonio. De tal modo que la situación de
libertad de la persona es la condición previa y "sine qua non",
esencial, sobre la que se asienta y se construye el matrimonio
cristiano. Esto es claro.
Pero muchos creen que una vez dicho el "si quiero" se deja
de ser libre, como si al pronunciar el consentimiento los esposos
perdieran o hipotecaran su libertad mutuamente, el uno en las
manos del otro. Ese modo de pensar es totalmente erróneo. El "sí
quiero" no me quita la libertad, todo lo contrario, me la
potencia porque mi libertad queda potenciada por la libertad del
otro y viceversa. Alguien ha dicho y como mucho acierto, que el
matrimonio es una plataforma de libertades que las potencia y
desarrolla mutuamente.
La
libertad es algo inviolable e irrenunciable, porque perder la
libertad significa perder la esencia de lo humano. Y no hay valor,
por muy supremo que sea, que pueda arrogarse el derecho de
arrebatar la libertad interior a una persona, hombre o mujer.
Nadie me puede forzar, lícitamente, ha hacer algo que no quiero,
ni el matrimonio, ni la familia, ni el estado, ni tampoco Dios,
que es la fuente misma de la libertad.
Pero la libertad tiene un correlativo esencial a sí misma que es
la responsabilidad. La libertad no responsable no es verdadera
libertad. Por lo tanto todo cuanto decimos y exigimos a propósito
de la libertad personal hay que decirlo a propósito de la
responsabilidad. Esta es esencial en el matrimonio cristiano, y
nadie puede arrebatarnos nuestra responsabilidad, ni tampoco nadie
puede renunciar a su responsabilidad.
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