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-------------------------------  Actualizado el Lunes 27 de Enero de 2003   --------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL AL SERVICIO DE LA PAZ

CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2003 (VIS).-Se ha publicado hoy el mensaje anual de Juan Pablo II para la XXXVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 1 de junio 2003, dedicada al tema "Los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz a la luz de la 'Pacem in terris'". El mensaje, fechado hoy, festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, se publica en inglés, italiano, francés, castellano, portugués y alemán.

Ofrecemos a continuación extractos del mensaje:

"La Encíclica 'Pacem in terris' del Beato Papa Juan XXIII llegó como un faro de esperanza para los hombres y mujeres de buena voluntad en los oscuros días de la Guerra Fría. Al afirmar que la auténtica paz requiere 'guardar íntegramente el orden establecido por Dios, el Santo Padre señaló la verdad, la justicia, la caridad y la libertad como los pilares de una sociedad pacífica".

"El Papa Juan XXIII tenía muy en cuenta esos medios cuando llamaba a la 'serena objetividad' en el uso de los 'medios de información que la técnica ha introducido' y que 'tanto sirven para fomentar y extender el mutuo conocimiento de los pueblos'".

"Hoy (...) todavía la paz, la justicia y la estabilidad social están ausentes en muchas partes del mundo. El terrorismo, el conflicto en Oriente Medio y otras regiones, las amenazas y contra-amenazas, la injusticia, la explotación y las violaciones a la dignidad y la santidad de la vida humana, tanto antes como después del nacimiento, son realidades que causan consternación en nuestros días. Mientras tanto ha crecido enormemente el poder de los medios para moldear las relaciones humanas e influenciar la vida política y social, tanto para el bien como para el mal".

"Los medios y la verdad. La exigencia moral fundamental de toda comunicación es el respeto y el servicio a la verdad. (...) Los medios masivos tienen una irrenunciable responsabilidad en este sentido, pues constituyen la escena donde hoy en día se intercambian las ideas y donde los pueblos pueden crecer en el conocimiento mutuo y la solidaridad. Es por eso que el Papa Juan XXIII defendió el derecho a 'buscar la verdad libremente y, dentro de los límites del orden moral y el bien común, manifestar y difundir las propias opiniones', todo ello como condición necesaria para la paz social".

"De hecho, con frecuencia los medios prestan un valiente servicio a la verdad; pero a veces funcionan como agentes de propaganda y desinformación al servicio de intereses estrechos o de prejuicios de naturaleza nacional, étnica, racial o religiosa, de avidez material o de falsas ideologías de tendencias diversas. Ante las presiones que empujan a la prensa a tales errores, es imprescindible una resistencia ante todo por parte de los propios hombres y mujeres de los medios, pero también de la Iglesia y otros grupos responsables".

"Los medios y la justicia. (...) La proyección global de los medios comporta especiales responsabilidades en este aspecto. Si bien es cierto que los medios suelen pertenecer a grupos con intereses propios, privados y públicos, la naturaleza intrínseca de su impacto en la vida requiere que no favorezcan la división entre los grupos -por ejemplo en el nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exacerbado, de la supremacía racial, la limpieza étnica u otros similares-. Enfrentar a unos contra otros en nombre de la religión es un error particularmente grave contra la verdad y la justicia, como lo es el tratamiento discriminador de las creencias religiosas, pues éstas pertenecen al espacio más profundo de la dignidad y libertad personal".

"Los medios y la libertad. La libertad es una condición previa de la verdadera paz, así como uno de sus más preciosos frutos. Los medios sirven a la libertad sirviendo a la verdad, y por el contrario, obstruyen la libertad en la medida en que se alejan de la verdad y difunden falsedades o crean un clima de reacciones emotivas incontroladas ante los hechos. Sólo cuando la sociedad tiene libre acceso a una información veraz y suficiente, puede dedicarse a buscar el bien común y respaldar una responsable autoridad pública".

"Si los medios están para servir a la libertad, ellos mismos deben ser libres y usar correctamente esa libertad. Su situación privilegiada les obliga a estar por encima de las meras preocupaciones comerciales y servir a las verdaderas necesidades e intereses de la sociedad. Si bien existen normativas públicas sobre los medios, adecuadas a la defensa del bien común, a veces el control gubernamental no lo es. En particular los reporteros y comentaristas tienen el grave deber de seguir las indicaciones de su conciencia moral y resistir a las presiones que les empujan a 'adaptar' la verdad para satisfacer las exigencias de los poderes económicos o políticos".

"Los medios y el amor. (...) El Beato Papa Juan XXIII expresó un pensamiento que aunaba la sencillez con una gran profundidad: (...) Una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca".

"Los medios de comunicación son actores clave en el mundo actual, y tienen un papel inmenso que realizar para construir aquella confianza. Su poder es tal, que en poco tiempo pueden suscitar una reacción pública positiva o negativa hacia los eventos, según sus intereses. El público sensato se dará cuenta de que un poder tan enorme requiere los más altos niveles de compromiso con la verdad y el bien. En este sentido los hombres y mujeres de los medios están especialmente obligados a contribuir a la paz en todas las partes del mundo derribando las barreras de la desconfianza, impulsando la reflexión sobre el punto de vista de los otros, y esforzándose siempre por aunar a los pueblos y las naciones en un entendimiento y respeto mutuo; y más allá de la comprensión y el respeto, en la reconciliación y la misericordia!".

"Aunque todo esto parezca un enorme desafío, de ningún modo es pedir demasiado a los hombres y mujeres de los medios. Tanto por vocación como por profesión, están llamados a ser agentes de paz, de justicia, de libertad y de amor, contribuyendo con su importante labor a un orden social 'basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y realizado bajo los auspicios de la libertad'".

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NORMAS CANONICAS SE INSPIRAN EN LA REALIDAD QUE LAS TRASCIENDE

CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2003 (VIS).-El Papa recibió esta mañana a los participantes en una jornada académica organizada por el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, para conmemorar el vigésimo aniversario de la promulgación del Código de Derecho Canónico.

Juan Pablo II dijo que "en estos veinte años se ha podido constatar la necesidad que tenía la Iglesia del nuevo código. Afortunadamente las controversias del derecho se han superado casi por completo. Sin embargo, sería ingenuo ignorar lo que queda por hacer para consolidar en las actuales circunstancias históricas una verdadera cultura jurídico-canónica y una praxis eclesial atenta a la intrínseca dimensión pastoral de las leyes de la Iglesia".

La idea de elaborar un nuevo código era que los pastores y fieles tuvieran "un instrumento normativo claro, con los aspectos esenciales del orden jurídico. Sin embargo, sería simplista y desviado concebir el derecho de la Iglesia como un mero conjunto de textos legislativos, según la óptica del positivismo jurídico. Las normas canónicas se inspiran en una realidad que las trasciende".

"El nuevo Código de Derecho Canónico -y este criterio también vale para el Código de Canones de las Iglesias Orientales- debe ser interpretado y aplicado en esta óptica teológica. De esta manera se pueden evitar ciertos reduccionismos hermenéuticos que empobrecen la ciencia y la praxis canónica, alejándolas de su verdadero horizonte eclesial. Esto sucede, como es obvio, sobre todo cuando la normativa canónica se pone al servicio de intereses ajenos a la fe y a la moral católica".

El Santo Padre hizo hincapié en "un reduccionismo peligroso que pretende interpretar y aplicar las leyes eclesiásticas separándolas de la doctrina del Magisterio. Según esta visión, los pronunciamientos doctrinales no tendrían ningún valor disciplinar, que habría que reconocer solo a los actos formalmente legislativos". Sin embargo, continuó, "la dimensión jurídica, siendo teológicamente intrínseca a las realidades eclesiales, puede ser objeto de enseñanzas magisteriales, incluso definitivas".

Una de las "novedades más significativas" de los dos códigos, añadió, "es la normativa que los dos textos contienen sobre los deberes y derechos de todos los fieles". La dimensión personalista permite "comprender mejor el específico e insustituible servicio que la jerarquía eclesiástica debe prestar para el reconocimiento y la tutela de los derechos de los individuos y de las comunidades en la Iglesia".

El Papa recordó que las leyes, los procesos y sanciones canónicas "adquieren así su verdadero sentido, el de un auténtico servicio pastoral". Este servicio, terminó, "a veces puede ser malentendido y contestado: precisamente entonces se hace más necesario para evitar que, en nombre de pretendidas exigencias pastorales, se tomen decisiones que pueden causar e incluso favorecer inconscientemente verdaderas injusticias".
 

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OBISPOS DE BRASIL: SECTAS, EVANGELIZACION,INCULTURACION

CIUDAD DEL VATICANO, 23 ENE 2003 (VIS).-Juan Pablo II recibió esta mañana al grupo de obispos de la Región Sur I de Brasil. En su discurso, el Santo Padre habló sobre la Eucaristía, la liturgia y la inculturación auténticas en la sociedad multiétnica brasileña en el contexto actual a la vez "dramático y fascinante", caracterizado por el materialismo y la secularización pero también por el anhelo de valores espirituales.

El pueblo de Brasil, dijo el Papa, "está anclado tradicionalmente en los principios perennes del cristianismo pero está también sometido a influencias negativas de diversos tipos", entre ellas las sectas, muy difundidas en todo el país y muy fuertes en algunas regiones. "No es este quizá -se preguntó- un signo concreto de aspiración insatisfecha a lo sobrenatural?". Y subrayó que este hecho representa un "auténtico reto" para los pastores que deben "renovar el estilo de acogida dentro de las comunidades eclesiales y estimular una evangelización nueva y decidida".

En muchas ocasiones, prosiguió, "hay una grave carencia de formación religiosa que conduce a la indecisión acerca de la necesidad de la fe en Cristo y de adhesión a la Iglesia por El instituida. Hay una tendencia a representar las religiones y las diversas experiencias espirituales niveladas según un mínimo común denominador, de forma que parecen casi equivalentes, con el resultado de que cada persona se siente libre de seguir indiferentemente uno de los varios caminos propuestos para la salvación". En este contexto es también necesaria una evangelización, nueva, valiente y de amplias miras.

Después, Juan Pablo II se refirió al XIV Congreso Eucarístico Nacional que acaba de tener lugar en Brasil y subrayó la importancia de la Eucaristía en la vida de todos los cristianos. "Es el bien espiritual supremo de la Iglesia - dijo- y el centro del ministerio pastoral para irradiar su fuerza sobrenatural en todas las esferas cristianas, desde la evangelización a la catequesis y las múltiples actividades caritativas, así como en el compromiso de renovación social y de justicia en favor de todos, empezando por el respeto por la vida y los derechos de cada persona y el compromiso en favor de la familia".

No obstante, explicó el Papa, "para dar toda su eficacia a la acción eucarística hay que velar siempre por la celebración digna y genuina del misterio, según la doctrina y las directrices de la Iglesia, como he recordado en diversas ocasiones". Refiriéndose a la celebración eucarística -la proclamación de la palabra, las oraciones, los ritos y todo el simbolismo eclesial de la liturgia- subrayó que "cualquier manipulación de estos elementos repercute negativamente en la pedagogía de la fe", mientras una liturgia auténtica y correcta "sienta las bases de la fe y la vida de los fieles".

Juan Pablo II recalcó la necesidad de respetar el día del Señor, la importancia de la oración personal y colectiva y de que la liturgia sea "un diálogo entre Dios y su pueblo".

La liturgia, afirmó el Santo Padre, "debe ser disciplinada solamente por la autoridad competente, y exige por parte de todos una gran y respetuosa fidelidad a los ritos y a los textos auténticos. Una aplicación errada del valor de la creatividad y de la espontaneidad en las celebraciones, por otra parte tan típica de tantas manifestaciones de vida de vuestro pueblo, no debe alterar los ritos y los textos y, sobre todo, el sentido del misterio que se celebra en la liturgia".

El Papa subrayó que reconocía que Brasil era una sociedad multicultural y que cada grupo étnico, cada cultura tiene un papel importante que desempeñar y una aportación que dar a la nación así como a la Iglesia y a su misión "ad gentes". Refiriéndose en concreto a la cultura afro-brasileña dijo que "nos lleva al delicado tema de la inculturación, sobre todo en los ritos litúrgicos, en la terminología y en las expresiones musicales y corporales características de la cultura afro-brasileña". "Sería incomprensible -prosiguió- dar al rito litúrgico una presentación externa y una estructura -basada en los trajes, en el lenguaje, en el canto, en las ceremonias y en los objetos litúrgicos- (...) sin una aplicación rigurosa de un discernimiento serio y profundo acerca de su compatibilidad con la verdad revelada por Jesucristo".

La auténtica liturgia católica, concluyó, no puede ser transformada ni confundirse con "el panteón de los espíritus y divinidades de los cultos africanos. (...) La Iglesia contempla con interés a estos cultos pero considera perjudicial el relativismo concreto de una práctica común de ambos o de su mezcla, como si tuvieran el mismo valor, poniendo en peligro la identidad de la fe católica".
 

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AUDIENCIA: SEMANA DE ORACION POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

CIUDAD DEL VATICANO, 22 ENE 2003 (VIS).-La audiencia general de este miércoles, que se celebró en el Aula Pablo VI, estuvo centrada esta vez en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que comenzó el 18 de enero y acabará el 25 de ese mismo mes, cuando el Papa presidirá las vísperas en la basílica de San Pablo Extramuros. La unidad de los cristianos ha sido siempre un punto clave del actual pontificado.

"El Señor fundó la Iglesia 'una' y 'única'", dijo el Santo Padre citando el decreto sobre el ecumenismo "Unitatis redintegratio" del Concilio Vaticano II. "Sin embargo -prosiguió- muchas comuniones cristianas se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Cristo; ciertamente todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido".

El Papa subrayó que "la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos ofrece la oportunidad de rezar juntos con una sola voz y un sólo corazón, por el precioso don de la unidad. Tomando prestada una imagen de san Pablo podemos decir que este don se nos presenta 'en vasijas de barro'. Es muy frágil y tiene que manejarse con sumo cuidado".

"A pesar de lo sublime y grande que es este don, -explicó el Santo Padre- la debilidad humana ha hecho que no se haya acogido y valorado plenamente. En el pasado, las relaciones entre los cristianos se han caracterizado a veces por la oposición y en algunos casos hasta por el odio recíproco. Y todo ello, como recordó con propiedad el Concilio Vaticano II, constituye un 'escándalo' para el mundo y un 'daño' para la predicación del Evangelio".

El Papa pidió a los cristianos que siempre y en todos los lugares se esforzasen para "superar todas las barreras con la oración incesante, el diálogo perseverante y una cooperación fraternal y concreta en favor de los más pobres y necesitados".

El Santo Padre dedicó los últimos párrafos de su catequesis al ministerio petrino y a su papel en la unidad de los cristianos, citando tanto la "Lumen gentium" como su encíclica "Ut unum sint": "Me ha parecido útil proponer una reflexión común sobre el ministerio del Obispo de Roma, constituido 'perpetuo e visible principio y fundamento de la unidad', con el fin de 'encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión se abra a una situación nueva'".
 

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TELEGRAMA POR EL TERREMOTO EN COLIMA Y JALISCO, MEXICO

CIUDAD DE VATICANO, 22 ENE 2003 (VIS).-El cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, envió hoy el siguiente telegrama en nombre del Papa al arzobispo Giuseppe Bertello, nuncio apostólico en México, con motivo del terremoto que ha afectado a los Estados de Colima y Jalisco ayer por la tarde, hora local:

"El Santo Padre Juan Pablo II, profundamente apenado al conocer la dolorosa noticia del terremoto en el Estado de Colima, que ha ocasionado numerosas víctimas, heridos y graves daños materiales, ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y eleva fervientes plegarias para que el Señor conceda su consuelo a los afectados por la desgracia e inspire en todos sentimientos de solidaridad para superar la adversidad, animados por los valores morales siempre abiertos a la esperanza. Asimismo, ruego a vuestra excelencia transmita el sentido pésame de Su Santidad a los familiares y exprese a heridos y damnificados su paterna solicitud y sentimientos de cercanía, a la vez que alienta a instituciones y hombres de buena voluntad para que, en estos momentos difíciles, presten eficaz ayuda con espíritu generoso y caridad cristiana, mientras imparte de corazón su confortadora bendición apostólica como signo de benevolencia al querido pueblo mexicano."

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