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NOTICIAS DE LA
IGLESIA EN EL MUNDO |
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------------------------------- Actualizado el
Lunes 27 de Enero de 2003
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UN
MILLÓN DE PERSONAS CLAUSURAN EL ENCUENTRO MUNDIAL DE LA FAMILIA
MANILA/CIUDAD DEL VATICANO, 26 enero 2003 (ZENIT.org
).- Este domingo concluyó en Manila el Encuentro Mundial de las
Familias con una celebración eucarística en la que participó al
rededor de un millón de personas.
El cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo
Pontificio para la Familia, que presidió la misa en nombre de Juan
Pablo II, confirmó que «a la sociedad del siglo XXI, la Iglesia
tiene todavía una palabra que decirle en el tema de la familia, así
como un modelo que ofrecer».
La ciudad de Manila se detuvo durante un día para vivir un
acontecimiento que debería marcar el futuro de la evangelización en
Asia.
Terminado el encuentro, al rezar la oración mariana del «Angelus»,
Juan Pablo II mandó un saludo a los participantes para presentar a
la familia «en nuestros días como vía privilegiada de diálogo entre
las diferentes religiones y culturas, y por tanto, de reconciliación
y de paz».
«¡Sí! --exclamó el Papa-- La unión fiel y fecunda del hombre y de la
mujer, bendecida por la gracia de Cristo, constituye un auténtico
Evangelio de vida y de esperanza para la humanidad».
«Pero, ¿de qué familia se trata?», preguntó el Papa. «No se trata
ciertamente de esa inauténtica --respondió--, basada en los
egoísmos. La experiencia demuestra que esta "caricatura" de la
familia no tiene futuro y no puede dar futuro a una sociedad».
En la misa, celebrada en la explanada «Quirino Grand Stand» (la
misma de la Jornada Mundial de la Juventud de 1995), participaron
seis cardenales, 245 arzobispos y obispos, y 360 sacerdotes.
La conclusión coincidió con la fiesta del Santo Niño de Cebú, ciudad
del sur del país, que honra al Niño Dios desde 1575, donde se
encuentra un santuario visitado por millones de fieles al año para
invocar el don de la paz.
El Encuentro Mundial de la Familia, celebrado del 22 al 26 de enero,
sobre el tema «La familia cristiana: una buena noticia para el
tercer milenio», reunió a familias de 76 países
Durante las tres primeras jornadas se desarrollaron, de forma
paralela, un congreso teológico-pastoral bajo el lema «La familia
cristiana: una buena nueva para el tercer milenio», y un segundo
congreso con la participación de jóvenes, adolescentes y niños.
El sábado, en la vigilia celebrativa, en la que unas 350.000
personas escucharon testimonios de familias de los cinco
continentes, intervino Juan Pablo II por televisión para presentar a
la «familia como educadora por excelencia de personas, indispensable
para una verdadera "ecología humana"».
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JUAN PABLO II: LA FAMILIA, VÍA PRIVILEGIADA DE
DIÁLOGO Y PAZ Palabras antes de rezar la oración
mariana del «Angelus»
CIUDAD DEL VATICANO, 26 enero 2003 (ZENIT.org
).- Publicamos las palabras que pronunció Juan Pablo II este domingo
al rezar la oración mariana del «Angelus» junto a los peregrinos
congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
* * *
¡Queridos hermanos y hermanas!
1. En los días pasados se ha celebrado en Manila, capital de
Filipinas, el IV Encuentro Mundial de las Familias, concluido hace
unas horas con una solemne celebración eucarística, presidida por el
cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio
para la Familia, mi legado en este evento eclesial tan importante.
Muy significativo el tema del encuentro: «La familia cristiana: una
buena noticia para el tercer milenio». ¡Sí! La unión fiel y fecunda
del hombre y de la mujer, bendecida por la gracia de Cristo,
constituye un auténtico Evangelio de vida y de esperanza para la
humanidad. Este alegre mensaje lo han proclamado, junto a muchas
familias filipinas, los miles de familias de toda raza y nación
reunidos en Manila para una cita religiosa tan importante. Juntos
han renovado el compromiso de ser protagonistas de la nueva
evangelización.
2. «El futuro de la sociedad se fragua en la familia», escribí en la
exhortación apostólica «Familiaris consortio» (n. 86). Se trata de
una afirmación más actual que nunca. Pero, ¿de qué familia se trata?
No se trata ciertamente de esa inauténtica, basada en los egoísmos.
La experiencia demuestra que esta «caricatura» de la familia no
tiene futuro y no puede dar futuro a ninguna sociedad.
La familia, sin embargo, es «buena noticia» en la medida en que
acoge y hace propia la perenne vocación que Dios le dio al inicio a
la humanidad. Este proyecto originario de vida es compartido
también, gracias a Dios, por muchos cónyuges no cristianos. La
familia se presenta, de este modo, en nuestros días como vía
privilegiada de diálogo entre las diferentes religiones y culturas,
y por tanto, de reconciliación y de paz.
3. A María Santísima, «Regina familiae», confiamos los frutos
espirituales del gran Encuentro de Manila, y ya desde ahora, la
próxima cita mundial de las familias, que se celebrará en 2006, en
Valencia, en España.
Recemos para que toda familia, como auténtica «iglesia doméstica», y
«buena noticia» de amor y de vida, sea signo de esperanza para la
comunidad eclesial y para el mundo entero.
[Testo originale: Italiano]
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MONSEÑOR FRANCISCO
ROBLES ORTEGA, NUEVO ARZOBISPO DE MONTERREY
Sucede al cardenal Antonio Suárez Rivera
CIUDAD DEL VATICANO, 26 enero 2003 (ZENIT.org
).- Juan Pablo II nombró este sábado arzobispo metropolita de
Monterrey, México, a monseñor Francisco Robles Ortega, hasta ahora
obispo de Toluca.
Monseñor Robles Ortega fue designado en lugar del cardenal Antonio
Suárez Rivera, que renunció de acuerdo al canon 401 del Código de
Derecho Canónico.
El nuevo arzobispo metropolita de Monterrey nació en Mascota el 2 de
marzo de 1949. Realizó estudios filosóficos en el seminario mayor de
Guadalajara y los teológicos en el seminario mayor de Zamora.
Fue ordenado sacerdote el 20 de julio de 1976 por la diócesis de
Autlán y enviado a Roma, donde obtuvo la licenciatura en teología en
la Universidad Gregoriana.
Nombrado obispo titular de Bossa y auxiliar de Toluca en 1991,
recibió la ordenación episcopal el 5 de junio sucesivo. El 15 de
junio de 1996 fue nombrado obispo de Toluca.
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JUAN PABLO II: TODOS
LOS CRISTIANOS ESTÁN LLAMADOS A SERVIR A LA PAZ
Clausura de Oración por la Unidad de los Cristianos
ROMA, 26 enero 2003 (ZENIT.org).-
Juan Pablo II lanzó este sábado un llamamiento a todos los
cristianos, católicos, ortodoxos y protestantes, a «servir a la paz
y la reconciliación, la justicia y la solidaridad, especialmente al
lado de los pobres y de los últimos de la tierra».
El Pontífice cerró así, en la basílica de San Pablo Extramuros, la
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
«El tema de la paz, que sigue siendo más urgente que nunca,
interpela de manera particular a los discípulos de Cristo, Príncipe
de la Paz, y constituye un desafío y un compromiso para el
movimiento ecuménico», afirmó.
En las Vísperas solemnes de carácter ecuménico, el pontífice
reconoció que el camino hacia la unidad plena entre los cristianos
experimenta «dificultades, problemas y desilusiones».
Pero, añadió, «el Espíritu Santo no deja de sorprendernos y sigue
realizando extraordinarios prodigios».
Por eso, concluyó, «hay que subrayar la importancia del ecumenismo
espiritual, que constituye el alma del movimiento ecuménico».
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DESTINAR LOS RECURSOS DE LAS ARMAS A COMBATIR ENFERMEDADES; PIDE EL
PAPA
Al celebrar la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra
CIUDAD DEL VATICANO, 26 enero 2003 (ZENIT.org
).- Juan Pablo II pidió este domingo que no se destinen los recursos
en arsenales bélicos, sino en combatir las enfermedades y la
pobreza.
El pontífice hizo su llamamiento al despedirse de los peregrinos que
participaron a mediodía en la oración mariana del «Angelus», en el
mismo día en que se celebraba la quincuagésima Jornada Mundial de
los Enfermos de Lepra.
Hablando desde la ventana de su estudio, el Papa recordó el
centenario del nacimiento de Raoul Follereau, periodista francés que
llamó la atención a finales de los años cincuenta y sesenta sobre el
problema de la marginación de millones de personas afectadas por la
lepra.
«¡Qué actual es su llamamiento, que invitaba a destinar recursos no
a los arsenales bélicos, sino a combatir la miseria y las
enfermedades!», reconoció el obispo de Roma.
«Me siento cerca de los hermanos y hermanas que por desgracia siguen
sufriendo todavía a causa de la enfermedad de Hansen, y aliento a
multiplicar los esfuerzos para derrotarla, tanto a nivel sanitario
como social», concluyó.
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LA OBRA DE DON ORIONE, 100 AÑOS AL SERVICIO DE LOS DISCAPACITADOS
ROMA, 26 enero 2003 (ZENIT.org
).- Presentes en treinta naciones, los hijos e hijas de Don Orione
llevan a cabo el ideal que inspiró al fundador: el apostolado de la
caridad por los fieles y entre los fieles, especialmente los más
pobres. Una labor que cumple este año un siglo.
Toda la familia Orionita de los Hijos de la Divina Providencia, de
las Pequeñas Hermanas de la Caridad, del Instituto Secular Orionita
y del Movimiento Laical Orionita junto al Movimiento Laical Orionita,
celebrará el centenario de su aprobación canónica con distintos
actos.
El 21 de marzo de 1903, el obispo de Tortona, monseñor Igino Bandi,
firmó el decreto que reconocía el carisma y la institución que la
Providencia quería transmitir a la Iglesia a través de Don Luigi
Orione (1982-1940).
Don Orione, fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, es
conocido en el mundo como un «campeón de la santidad cristiana».
Juan Pablo II beatificó a este sacerdote el 26 de octubre de 1980
presentándolo a la Iglesia como «una maravillosa y genial expresión
de la caridad cristiana».
Consciente de que los marginados no contaban con ningún apoyo de la
sociedad, decía Don Orione: «Cristo fue hacia el pueblo. Aliviar al
pueblo, mitigar sus dolores, sanarlo. Nos tiene que preocupar el
pueblo. La Obra de la Divina Providencia es para el pueblo. Eviten
las palabras, de palabras estamos saturados».
El pequeño Cottolengo, escuelas profesionales, casas para ancianos,
misiones, parroquias, hospitales, casas de acogida para menores y
jóvenes en dificultades y para los «sin techo» son algunas de las
actividades con las que los Hijos de la Divina Providencia realizan
trabajo.
La misión de todos ellos, «salir a al encuentro de las necesidades
de los más pobres, de los más marginados, de los más pequeños», en
particular de los dispacacitados.
En muchos países del mundo existe aún la idea de que el enfermo, el
discapacitado, es un deshonor para la familia. Allí también han
acudido los religiosos y laicos de Don Orione para rescatar a estas
personas olvidadas, a menudo en un estado de profunda humillación. |
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