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-------------------------------  Actualizado el domingo 03 de noviembre de 2002   --------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

 

ORACIONES ANTERIORES

 

Oración de Pablo VI   Oración a Cristo Amigo
Cristo está con nosotros   Cristo, semilla del hombre nuevo
 Somos deseados por ti Confía en mí
Oración de abandono Deseo de Cristo
Tómame en tus manos, Jesús Cristo nuestra reconciliación
Oración en el sufrimiento No me mueve mi Dios para quererte
Dame la gracia de ser compasivo Hazme un instrumento de tu paz
Dispón de mi vida, Señor Oración, anónimo siglo X

 

«Oración del soldado desconocido»
 


 

¿Me oyes, Dios mío?

Yo nunca jamás he hablado contigo,

pero hoy quiero saludarte.

Tú sabes que desde mi infancia

me han dicho que Tú no existías,

y yo fui tan bruto que me lo creí.

Yo nunca me había dado cuenta

 de la hermosura de tu creación.

Hoy, de repente,

al ver las profundidades del firmamento,

al ver ese cielo estrellado encima de mí,

se me han abierto los ojos.

Maravillado, comprendí su luz.

¿Cómo he podido vivir tan cruelmente engañado?

Yo no sé, Señor, si Tú me tiendes la mano,

pero yo te confío este milagro y Tú me vas a entender:

En lo más hondo de este terrible infierno,

la luz ha brotado en mí y yo te he visto.

No voy a decirte nada más, tan sólo la alegría de conocerte.

A medianoche, tenemos que pasar al ataque,

pero no tengo miedo:

Tú nos miras.

¡Escucha! Es la señal. ¿Qué puedo hacer?

¡Estaba tan bien contigo!

Quiero decirte una cosa más:

Tú sabes que el combate va a ser malo.

Quizás esta noche llamaré a tu puerta.

Aunque yo nunca haya sido amigo tuyo,

¿me dejarás entrar cuando llegue?

Pero no estoy llorando, ya ves lo que me ocurre,

mis ojos se han abierto.

Perdóname, Dios. Voy a partir, y seguramente ya no vuelva;

pero ¡qué milagro!

¡Ya no tengo miedo a la muerte!

 

 

Esta oración se encontró el año 1945 en el bolsillo de un soldado desconocido, muerto en la batalla. Este soldado era ruso, formado en el ateismo beligerante del poder soviético. Esta oración es un grito de fe de un hombre que ha descubierto a Dios a las puertas de la muerte que se le presenta como inevitable y se abandona gozoso en la manos de Nuevo Amigo.

 

 

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