Cristo Jesús, Redentor y amigo,
Tú eres nuestra verdadera y definitiva
reconciliación,
la Misericordia del Padre al alcance de los
hombres,
nuestro grande y viviente perdón.
Tú has consumado en tu Carne
la purificación de todos los pecados
y nos has introducido en la Comunión con el Padre
en el Espíritu Santo.
Tu acción salvífica
abarca a todos los hombres,
sin distinción de razas, culturas, religión o
ideología,
sino que se extiende a todo lo creado,
el cielo y la tierra,
el universo entero.
Tú has abierto los umbrales
de una creación nueva,
con una humanidad renovada,
en peregrinación hacia la Casa del Padre.
Este misterio de reconciliación,
Tú, oh Señor, lo continúas hoy
a través de tu Iglesia,
sacramento de salvación para todos.
Te damos gracias, Jesús,
por habernos permitido sentir y desear
la necesaria reconciliación
en tu Iglesia, brutalmente dividida
por la dureza del corazón
de los hombres.
Haznos más atentos a tu palabra,
obedientes a tu voluntad,
para poder colaborar contigo,
en la epopeya de la reconciliación,
entre todos los hombres.
Haznos capaces de llevar
tu reconciliación,
como anuncio de Paz,
a todos los hombres,
para que sientan,
como nosotros lo sentimos,
que Tú, Jesucristo,
eres el Señor, para gloria de Dios Padre.
Amén
(Diego de Jesús)