Jesús, Amigo mío,
no te amo por que te
necesito,
te necesito porque te amo.
Tu amor, te me ha hecho
necesario.
Tú llenas mi vacío,
Tu enriqueces mi pobreza.
Te necesito, oh Amigo mío,
para descubrir mi pequeñez
y engrandecerla,
para sentir mi miseria
y sanarla.
Te necesito, Hermano
primogénito,
para encontrar las razones
de mi amor fraterno universal,
los fundamentos de la
Justicia,
la llama candente de la
Caridad
y el supremo bien de la Paz.
Te necesito, gran Paciente,
para comprender el sentido
de mi sufrimiento
para darle una palabra de
luz
al dolor de mis hermanos.
Te necesito, oh Jesús, oh
Dios con nosotros,
a aprender el Amor verdadero
y para caminar alegre
por las "cañadas oscuras" de
mi existencia,
hasta el encuentro
definitivo Contigo,
mi Amado, mi Esperado, mi
Deseado,
mi Bendito por los Siglos.