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María

¡María,
Madre del
Redentor
y Madre
nuestra,
puerta del
cielo
y estrella
del mar,
socorre a
tu pueblo que sucumbe
pero anhela
recobrarse!
¡Ven en
auxilio de la Iglesia,
ilumina a
tus hijos,
fortalece a
los fieles
derramados
por el mundo,
llama a los
alejados,
convierte a
quien vive
prisionero
del mal!
Y
Tú, Espíritu Santo,
sé
para todos descanso en el trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
consuelo en el dolor,
esperanza en la gloria.
¡Así sea!
Juan
Pablo II
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