MISTERIO
AMADO

Jesús, tú eres el Cristo,
el Hijo del Dios viviente,
el que tiene poder para
perdonar
a un paralítico
y para levantar a un
pecador.
Tu perdón es la prueba
máxima de tu Amor.
Me amas, Señor,
porque me has perdonado
hasta el colmo de la Cruz.
Te encarnaste para poder
perdonarme
y levantarme de mis
parálisis
y llevarme sobre tus hombros
hasta la Casa de tu Padre.
Tú por amor a mí
te enfrentaste con los
poderosos
y jueces de este mundo,
y me declaraste por encima
del sábado
y me amaste por encima de
todas las cosas,
hasta de tu propia Vida.
Tú peleaste por mí con la
muerte hasta morir,
y en tu muerte recreaste mi
vida
para que un día, ya no muy
lejano,
pueda participar de tu
Resurrección.
Jesús de Nazaret, Gloria de
Dios
y Gloria mía.
Hoy te ofrezco, acurrucado
junto a tu cunita de Belén
mi humilde adoración, que es
amor y ternura,
hasta donde soy capaz.
Te amo Jesús,
incondicionalmente,
Misterio amado de mi vida.