Te
contemplo, Jesús, Señor mío,
como
mi Maestro y Salvador,
como
la Luz del mundo,
e
iluminado por Ti,
te
ruego que me hagas entender
tu
fulgor y tu belleza.
Me
has llamado a seguirte
y a
escucharte,
a
ser uno contigo en la comunión de tu Amor,
porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida,
y en
Ti está la plenitud de la Gracia.
Haz,
oh Señor,
que
nunca sea insensible
a tu
llamada reveladora,
a tu
Evangelio,
misterio, fuerza y alegría de mi destino verdadero.
Haz,
oh Jesús, que tu Espíritu
informe y transforme mi vida
y me
dé la alegría de la sincera fraternidad,
la
virtud del servicio generoso
y el
ansia de ser apóstol tuyo.
Haz,
oh Señor,
que
mi amor a mis hermanos
sea
cada vez más auténtico, ardiente y entregado
para
colaborar con ellos
en
la edificación de tu Reino en este mundo.
Que
sepa yo unir mis fuerzas
a
las de todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
para
alcanzar con plenitud
el
bien de la humanidad entera,
en
la verdad, en la libertad, en la justicia y en el amor.
Amén