
Grande eres, Señor, dueño del universo.
Con
cuánto amor nos regalas la belleza de los campos,
las
mieses doradas, las flores relucientes, los trinos de los pájaros.
Toda
la creación canta tus alabanzas.
Todo
es hermoso, todo es armonioso y perfecto.
Todo
es un reflejo de tu amor.
Al
contemplar las noches estrelladas, el alma rebosa de admiración
ante
la grandiosidad del firmamento.
Si
con tanto cariño has adornado el mundo para nuestro deleite,
déjanos admirar la grandeza del hombre, tu criatura más perfecta.
Ayúdanos a descubrir tu amor infinito por el mundo
y las
maravillas que haces en toda la creación
para
vivir totalmente ocupados en cantar, en admirar
y en
alabar este amor.
¡Oh
Sabiduría Infinita!