Intento abrir mi corazón a tu Palabra
pero mi mundo está lleno de ruidos abrumadores
que
me impiden oír y saborear
tu
suave voz cuando hablas al corazón.
Necesito tu cercanía, Señor.
Tu
nunca te alejas de mi.
Sé
que siempre estás a mi lado pero no te reconozco
en
mis hermanos ni en los acontecimientos.
Señor del desierto,
deseo ponerme en camino hacia el recinto profundo
de
mi alma donde sólo tú puedes penetrar
para llenar mi radical soledad.
En
mis días y noches de desierto
te
pido me concedas la gracia del silencio
y
la soledad del corazón
y
así encontrar reposo y descanso
dentro del tuyo.