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------------------------------- Actualizado el
miércoles 07 de julio de 2004
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TIEMPO ORDINARIO
Año C
Palabras de Vida
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DOMINGO VI
PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS 17, 5-8
Así dice el Señor:
-- Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza,
apartando su corazón del Señor . Será como un cardo en la estepa, no
verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre
e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su
confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la
corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja
estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL
SALMO
1
R.-
DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos;
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R.-
Será como un árbol
plantado al borde la acequia:
Da fruto en su sazón,
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R.-
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R.-
SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO
A LOS CORINTIOS
15, 12.16.20
Hermanos:
Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que
dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos
no resucitan, tampoco Cristo resucitó . Y si Cristo no ha
resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros
pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra
esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más
desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el
primero de todos.
Palabra de Dios

LECTURA
DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
6, 17, 20-26
En aquel tiempo, bajo Jesús del monte con los
Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de
pueblo, procedentes de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de
Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacía sus discípulos, les
dijo:
"Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan , y os
insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo
del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo; porque vuestra recompensa será
grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los
profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían
vuestros padres con los falsos profetas .
Palabra del Señor
COMENTARIO:
Hoy escuchamos, una vez más la proclamación de
las Bienaventuranzas. La página más bella y sorprendente del
Evangelio. Sólo tiene sentido, belleza y sabor para los que creen en
la Resurrección de Cristo y piensan bajo la luz de la fe en El, como
nos dice la lectura del Apóstol San Pablo.
En el texto de Lucas, las afirmaciones de
bienaventuranzas se limitan a cuatro. Las más paradójicas. En ellas
se contienen todas las demás del Evangelista Mateo. A las cuatro
bienaventuranzas, Lucas contrapone otras tantas "malaventuranzas"
dirigidas a quienes viven en la actitud opuesta. La Biblia presenta
con frecuencia este contraste entre la felicidad y la desdicha, la
bendición y la maldición.
-
Jesús bajó del monte con los doce Apóstoles .-
En lo alto de la montaña, el Señor acaba de instituir el grupo
de los doce apóstoles, núcleo germinal de la Iglesia. Bajan a un
lugar llano y se encuentran con una inmensa multitud, formada no
sólo por israelitas sino también por los que han venido de tierras
paganas (Tiro y Sidón). Ante la multitud (que en la intención del
evangelista es signo de todo el género humano) y con la mirada
puesta en los discípulos (que representan a la iglesia), Jesús
declara en un "sermón" o alocución programática, cuál ha de ser la
fisonomía espiritual del hombre si quiere entrar y pertenecer al
Reino de Dios. El rasgo esencial de esta fisonomía lo dan las
Bienaventuranzas. Estas constituyen la "constitución" o "Carta
Magna" del Reino de Dios.
Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino
de Dios .-
Los pobres, los que lloran, los que
tienen hambre, los perseguidos por ser de Cristo no son categorías
distintas sino aspectos de una misma realidad viva. Facetas de un
solo diamante. Espectrogramas de una única luz: la fidelidad al
Evangelio. Jesús no escribió libros sobre las Bienaventuranzas;
las mostró transparentes en su vida, en su muerte, en su
resurrección. Reflejar en sí la experiencia de Cristo; o sea,
vivir en las Bienaventuranzas, es pura gracia de Dios. Sólo gozará
de ella, aún sin entenderla, quien la pida y acepte. El espíritu
de las Bienaventuranzas se canta en el Magníficat y se
respira en el Padrenuestro cuando el Padrenuestro y el
Magníficat se dicen con sinceridad. San Lucas ambientó en la
atmósfera de las Bienaventuranzas la descripción ejemplar de la
Iglesia naciente que nos ha dejado en el libro de los Hechos de
los Apóstoles.
Pero, ¡ay de vosotros los ricos, porque ya
tenéis vuestro consuelo! .-
La imagen del rico saciado y necio, cerrado en lo material, sin
horizonte de espíritu, de amor ni de humanidad, nos la da San
Lucas en las parábolas del Rico Epulón (Lc 16,19-31) y del
"poderoso necio" (Lc 12,16-21). El Evangelio lamenta su error y
les ofrece –como al rico Zaqueo (Lc 19,1ss)- un camino de
salvación si se convierten. A todos nosotros van dirigidas,
directamente, las Bienaventuranzas y las Malaventuranzas. Cada uno
tendrá que examinar su vida y su conciencia para descubrir dónde
está en su seguimiento de Cristo.
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