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-------------------------------  Actualizado el miércoles 07 de julio de 2004   --------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

TIEMPO ORDINARIO

Año B

Palabras de Vida

El Evangelio de la Semana

Domingo XIV

 

1ª Lectura: Ez 2, 2-5.
Sal 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2ª Lectura: 2Co 12, 7b-10.

Evangelio según San Marcos 6,1-6.

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

-¿De donde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el hijo del carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanos no viven con nosotros aquí?

Y desconfiaban de él. Jesús les decía:

- No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Comentario:

El evangelio de hoy nos recuerda la visita que Jesús hizo a Nazaret cuando pasaba por todos los pueblos de Galilea proclamando el Reino de Dios. Fue a los suyos, a los que tanto amaba, y los suyos no le recibieron.

Jesús exclama con tristeza y desilusión: "No desprecian a un profeta más que en su tierra".

A las gentes de Nazaret les pasó lo que a muchos de nosotros: les pareció poca cosa, ese Jesús al que todos conocían, su origen, su familia, sus limitaciones... Y que "ese" chico tan vulgar se presentara como profeta, como alguien que tiene algo que decir, les indignó, les escandalizó, y le volvieron la espalda, era intolerable, falto de interés. Era un "don nadie". ¡Qué les podía enseñar el hijo de los pobretones Maria y José!.

Así reaccionamos la mayoría de nosotros.

Nos gusta el brillo, lo novedoso, los prestigios humanos, los títulos que acrediten, las luces que encandilan, las imágenes "modelos". Nos movemos por prejuicios y criterios sociales.

Dios siempre piensa y actúa de "otro" modo:

"Dios ha escogido lo que el mundo considera necio para confusión de los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes; ha escogido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para anular a quienes creen que son algo." (1Cor 1,27-29)

Es una de las más hermosas lecciones que el Señor Jesús nos ha comunicado. Pero a la vez una de las menos asimiladas y de las más despreciadas del Evangelio.

A muchos de nosotros nos gustaría cancelar estos párrafos, que nos parecen obscenos y agresivos, del Evangelio. Pero como no podemos, los sesgamos, les damos la vuelta para no tener que enfrentarnos con ellos.

A la gente de Nazaret les pasó lo que nos pasa a muchos de nosotros, lo que le pasó a Pedro, a los discípulos la noche de Getsemaní: quisiéramos un Jesús sin cruz ni limitaciones, quisiéramos una Iglesia sin pecados, sin pobretones, sin mediocres, una iglesia de listillos, de sabihondos, de números uno, de gente guapa, de gente bien, donde hubiera muchas medallas en las solapas, muchos títulos nobiliarios, muchos títulos académicos. No acabamos de valorar y de fiarnos de los pobres, de los don nadie, de la gente sencilla... buscamos, amamos, valoramos el brillo y el "prestigio" de este mundo. Quisiéramos unos pastores perfectos, sin defectos, sin pecados, más parecidos a los ángeles que a los hombres.

¿Qué tesoros de Gracia perdemos cuando nos dejamos guiar, como los nazaretanos del Evangelio, por los criterios de este mundo?

Hoy es un buen día, iluminado por esta Palabra de Jesús, para examinar nuestra fe.

 

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