|
BREVE BIOGRAFÍA DE STA. FAUSTINA KOWALSKA
LA MANIFESTACIÓN DE JESUS, DIVINA MISERICORDIA, A SANTA FAUSTINA
(1931-1938)
La Trinidad Divina establece e impulsa, sostiene y alienta la
historia de la salvación de tal modo, que sin tocar la libertad y la
voluntad del hombre al que respeta hasta el ex tremo
(quien lo redimió sin su colaboración no quiere salvarlo sin su
consentimiento y plena aceptación del Don de la Vida Eterna), en
cada momento actúa libremente a favor del hombre proporcionándole
los medios necesarios para su salvación. Cristo es el Salvador único
y verdadero y el único Camino, la única Verdad y la única Vida por
el que el Padre lleva a plenitud el proyecto de amor y comunión que
desde toda la eternidad sueña para el hombre, para todo hombre que
viene a este mundo. Pero en cada momento esa única y definitiva
salvación resplandece para el hombre con una luz nueva,
intensificando, según las exigencias del momento, uno u otro aspecto
del misterio infinito del Cristo Total.
Una nueva llamada de Dios a la humanidad se ha producido en nuestros
días, en el corazón mismo de una Europa dividida y lacerada, hasta
lo más profundo de sus raíces, por ideologías y enfrentamientos
bélicos de dimensiones universales y de consecuencias humanamente
irreparables, en el orden del espíritu y de la conciencia moral y
religiosa. Entre la Primera Guerra Mundial y el inicio de la Segunda
Guerra Mundial, desde los años 1931 a 1938 Jesucristo Resucitado se
manifestó a Sor Faustina Kowalska, religiosa profesa de las Hermanas
de Ntra. Sra. de la Misericordia, en el convento de Plock en
Polonia. En estas manifestaciones Jesucristo le confía el mensaje
del amor Misericordioso de Dios como una fuente de salvación y
gracias para todos los hombres. El mensaje recibido por Sor Faustina
y la espiritualidad que de él brota se difundió rápidamente en el
Pueblo de Dios.
Santa Faustina Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Polonia, en
la aldea de Glogowiec al oeste de la ciudad de Lódz. Era la tercera
de diez hijos de Estanislao Kowalski y Marianna Kowalska. Fue
bautizada en la Iglesia parroquial de Swinice Warkie con el nombre
de Elena. Desde pequeña se destacaba por su piedad, el amor a la
oración, la laboriosidad, la obediencia y por una gran sensibilidad
ante la pobreza humana. Su educación escolar fue muy breve, no duró
apenas tres años, al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para
trabajar de sirvienta en Aleksandrów y Lódz para mantenerse a sí
misma y ayudar a sus padres.
Ya desde los 7 años Elena sintió en
su alma la llamada a la vida religiosa, dos años antes de recibir la
primera comunión, pero sus padres no le dieron el permiso para que
entrara en el convento. Ante la negativa la niña intentó apagar
dentro de sí la llamada del Señor; sin embargo, apresurada por la
visión de Cristo sufriente y las palabras de reproche: "¿Hasta
cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?"
empezó a buscar ser aceptada en algún convento. Pero donde llamaba
la despedían. Finalmente, el 1 de agosto de 1925, pasó el umbral de
la clausura de la casa de la Congregación de la Madre de Dios de la
Misericordia, en la calle Zytnia, en Varsovia. En su Diario confesó:
“Me pareció que entré en la vida del
paraíso. De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de
gracias”.
Unas semanas después sintió una fuerte
tentación de trasladarse a otro convento donde pudiera tener más
tiempo para rezar. Entonces el Señor Jesús, enseñándole su faz
desgarrada y martirizada dijo: “Tú
Me causarás un dolor semejante, si sales de esta Congregación. Te he
llamado aquí y no a otro lugar, y te tengo preparadas muchas
gracias”
En la Congregación recibió el nombre de Sor María Faustina. El
noviciado lo pasó en Cracovia, donde en presencia del Obispo St.
Rospond hizo los primeros votos y cinco años después los votos
perpetuos de castidad, pobreza y obediencia. Trabajó en distintas
casas de la Congregación. Pasó periodos más largos en Cracovia,
Plock y Vilna trabajando como cocinera, jardinera y portera.
Para alguien que observara desde fuera nada hubiera delatado su
extraordinaria y rica vida mística. Cumplía sus deberes con fervor,
observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y
piadosa, pero a la vez natural, alegre, llena de amor benévolo y
desinteresado por todos.
Toda su vida se concentraba en
caminar con constancia a la cada vez más plena unión con Dios y en
una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de
las almas. “Jesús mío Tú sabes que
desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir,
deseaba amarte con un amor tan grande como ningun alma te amó hasta
ahora”.
El Diario revela la profundidad de su vida
espiritual. Una lectura atenta de estos escritos permite conocer un
alto grado de unión de su alma con Dios; permite conocer hasta qué
punto Dios se entregó a su alma y evidencia también sus esfuerzos y
combates en el camino hacia la perfección cristiana. El Señor la
colmó de muchas gracias extraordinarias: los dones de contemplación
y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia,
visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de
leer en las almas humanas, y de desposorios místicos. Colmada de
tantas gracias, escribió: “Ni las
gracias, ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don
concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del
alma con Dios... Mi santidad y perfección consisten en una estrecha
unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”
El austero modo de vida y los agotadores ayunos que practicaba desde
antes de entrar en el convento, debilitaron tanto su organismo que
siendo postulante fue enviada al balneario de Skolinów, cerca de
Varsovia, para recuperar la salud. Tras el primer año de noviciado,
le vinieron experiencias místicas sumamente dolorosas: las de la
llamada noche oscura y sufrimientos espirituales y morales
relacionados con la realización de la misión que le fue encomendada
por el Señor. Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores
y con este propósito experimentó también diversos sufrimientos para,
a través de ellos, salvar las almas de aquellos. En los últimos años
de su vida aumentaron los sufrimientos interiores, la llamada noche
pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo, se desarrolló la
tuberculosis que atacó los pulmones y el sistema digestivo. A causa
de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en
Cracovia por varios meses.
Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de
espíritu y una intensa unión mística con Dios, falleció en olor de
santidad el 5 de octubre de 1938 a los 33 años de los que 13 los
pasó en el convento. Su cuerpo fue sepultado en la tumba común del
cementerio de la Comunidad de Cracovia –Lagiewniki y luego durante
el proceso informativo en 1966 trasladado a la capilla.
A esta sencilla monja sin grandes
estudios pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor
Jesús le confió una gran misión: el mensaje de la misericordia
dirigido a todo el mundo “Te envío a
toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la
humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla en mi Corazón
Misericordioso.
Tú eres la secretaria de Mi Misericordia; te he escogido para este
cargo, en ésta y en la vida futura...
para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo
con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi
Misericordia”.
El Señor
Jesucristo, en su inescrutable voluntad, quiso elegir a esta
sencilla religiosa, sin amplia cultura ni especial formación
intelectual, pero dotada de una sensibilidad espiritual y religiosa
exquisitas, para ser el apóstol de su Misericordia. Todo esto elevó
su espíritu a las más altas cimas de la contemplación y fue esto lo
que le posibilitó conocer con una profundidad admirable el misterio
insondable del amor misericordioso del Padre manifestado en
Jesucristo.
“La intuición de esta hermana sencilla que
apenas sabía el catecismo en asuntos sutiles y muy relacionados con
la psicología de la sociedad contemporánea, sólo puede explicarse
atribuyéndole una intervención e iluminación sobrenatural. Mas de un
teólogo, tras largos estudios, no hubiera podido dar solución a
estos problemas con tanta facilidad como lo hizo Sor Faustina”
Un “sello”
especial de su vida mística fue el sufrimiento. Las intensísimas y
dolorosísimas experiencias místicas, las llamadas por San Juan de la
Cruz “noches pasivas” y “noches oscuras”, además de
los sacrificios voluntarios que ofrecía continuamente por los
pecadores y la conversión de los hombres a Dios. En todo se unía a
la voluntad de Dios con una disponibilidad absoluta ofreciendo sus
diversos sufrimientos para participar más plenamente en la obra
redentora de Jesucristo.
La superiora general de la Congregación de las Hermanas de la Madre
de Dios de la Misericordia, madre Michaela Moraczewska, escribió en
su memorial: “Lo que más me sorprendió y sigue sorprendiendo en
Sor Faustina, un síntoma extraordinario que se acentuó especialmente
durante los últimos meses de su enfermedad, fue el olvido absoluto
de sí misma en aras de su entrega total a la propagación del culto a
la Divina Misericordia. Era lo único que le ocupaba”.
Leyendo su
Diario,
compuesto por seis cuadernos de
notas y relatos espirituales, llegamos a la conclusión espontánea de
que estamos, ciertamente, ante una de las más grandes místicas de
este siglo y de la historia de la Iglesia, que dará mucha luz a las
conciencias y ayudará grandemente en el itinerario espiritual de
quien se acerque a ella para iluminar su seguimiento del Señor.
“Durante la vida de Sor Faustina en
la tierra sólo sus confesores y superiores conocieron su estrecha
unión con Dios y la misión que Él le encomendó. La profundidad de su
vida mística, la inconcebible belleza y la inmensidad del misterio
de la Divina Misericordia, así como su misión dirigida al mundo
contemporáneo, son presentados acabadamente en el Diario, cuya
edición crítica en polaco apareció en el año 1981.
Esta obra, escrita por Sor Faustina siguiendo el mandato de Jesús,
figura entre las perlas de la literatura mística”.
|