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-------------------------------  Actualizado el miércoles 09 de abril de 2003   ---------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

       La fiesta es, de entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia, la que tiene mayor rango. Jesús habló por primera vez a Santa Faustina de instituir esta fiesta el 22 de febrero de 1931 en Plock el mismo día en que le pidió que pintara su imagen y le dijo: “Yo deseo que haya una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”[1] Durante los años posteriores, Jesús le repitió a Santa Faustina este deseo en catorce ocasiones, definiendo precisamente la ubicación de esta fiesta en el calendario litúrgico de la Iglesia, el motivo y el objetivo de instituirla, el modo de prepararla y celebrarla, así como las gracias a ella vinculada.

         El tema de la Divina Misericordia está presente durante todo el año litúrgico. La elección del segundo domingo de Pascua, que concluye la octava de la Resurrección del Señor, indica la estrecha relación que existe entre el misterio  pascual de la Salvación y la fiesta de la Misericordia. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son, en efecto, la más grande manifestación de la Divina Misericordia de Dios Padre hacia los hombres, especialmente hacia los pecadores. Esta relación está subrayada por la novena que precede a la fiesta, que se inicia el Viernes Santo y se prolonga hasta el domingo segundo de Pascua.

         Jesús mismo le explicó a Santa Faustina el motivo por el cual establece esta fiesta: “Las almas mueren a pesar de mi dolorosa pasión...Si no adoran Mi Misericordia, morirán para siempre”[2]

         La fiesta de la Misericordia ha de ser no sólo un día de particular veneración de Dios en este misterio, sino sobre todo un día de gracia para todos los hombres, un día de reconciliación con Dios y con los hermanos por medio del sacramento de la penitencia: “En aquel día (dice el Señor) quien se acerque a la Fuente de la Vida (los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía), conseguirá la remisión total de las culpas y de las penas”[3].

         La Comunión ha de ser recibida el mismo día de la fiesta de la Misericordia, mientras que la confesión puede hacerse durante los siete días previos a la comunión o los siete posteriores a ella.

         Además de esta gracia extraordinaria, el Señor promete: “Derramaré todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de Misericordia. En ese día están abiertas todas las compuertas Divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata serán perdonados”[4]

         Cristo vinculó esta abundancia de gracias y beneficios sólo a ésta y no a las otras formas de devoción a la Divina Misericordia.

          La misma Santa Faustina fue testigo, en espíritu, de la celebración de la fiesta antes de que ésta fuera instituida y aprobada por la Iglesia. Escribe el 23 de marzo de 1937:

         “Fui súbitamente como sumergida en la presencia de Dios y me vi en nuestra capilla en donde la celebración de la Iglesia Universal así como la ceremonia en Roma estaban reunidas y asistí a ellas simultáneamente. Lo escribo como fue: vi a Nuestro Señor expuesto en nuestra capilla, que estaba abarrotada de gente. Todo el mundo tomó parte en la ceremonia y muchas personas fueron escuchadas en sus oraciones ese día. Esa misma fiesta tuvo lugar en Roma, en un espléndido santuario dedicado a la Divina Misericordia en donde el Papa estaba presente con un clero innumerable. Vi repentinamente a San Pedro entre el altar y el Santo Padre. ¿Qué le dijo? No lo oí, pero noté que Su Santidad había comprendido.” 

           Esta profecía se cumplía pasados 56 años, el 23 de abril de 1993, segundo domingo de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia. En ese día S.S. el Papa Juan Pablo II celebra la Misa Solemne y bendice la Imagen que preside el Santuario de la Divina Misericordia en Roma.  El 1 de septiembre de 1994 la Sagrada Congregación para el Culto Divino decretaba la institución de la Misa votiva de la Divina Misericordia para la Iglesia Universal. El 30 de abril del Año Jubilar de la Encarnación del Verbo, en la plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina Kowalska y en esa circunstancia su Santidad decretó,  para toda la Iglesia Universal, que el segundo domingo de Pascua se llame Domingo de la Misericordia y lo instituyó como Fiesta de la Divina Misericordia.

            Con ello cumplía el Papa, en nombre de toda la Iglesia, una petición que hizo Jesucristo a Santa Faustina en sus manifestaciones.

            Jesús habló en repetidas ocasiones a Santa Faustina sobre la importancia de esta fiesta:

           “Esta fiesta ha salido de las entrañas de Mi Misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi Misericordia, la obtendrá”.[5]

           “Hija Mía, di que esta fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero”.[6]

           “No encontrará alma alguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi Misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi Misericordia infinita. Te nombro dispensadora de Mi Misericordia”.[7]

           “Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la fiesta de la Misericordia”.[8]

           “Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la fiesta de Mi  Misericordia”.[9]

           "...El primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pido se rinda culto a Mi Misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi Misericordia (el testimonio con  obras de misericordia), porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil".[10]

           Son ya infinidad de personas que a lo largo y ancho de la Iglesia se han reconciliado con Dios y con el prójimo en esta fiesta de la Misericordia y han recibido en su corazón el torrente de gracias prometidas por Jesús a cuantos se acerquen a Él, fuente inagotable de amor y misericordia, en este día.  No dejéis pasar esta “tabla de salvación”[11] que Dios os está  ofreciendo benévolo y amoroso, esta gracia divina de su infinita Misericordia.

          En la actualidad la Fiesta de la Divina Misericordia está constituida en más de 15 países y se está extendiendo rápidamente en muchísimas diócesis, parroquias, capillas, santuarios.

           En todo el mundo se va extendiendo el Apostolado de la Divina Misericordia, movimiento eclesial de evangelización de laicos, sacerdotes, religiosos, cuyo fin es el de llevar al mayor número de almas el Amor Misericordioso de Jesucristo y colaborar con la Iglesia en la nueva evangelización a la que Juan Pablo II nos ha convocado. El lema de este Movimiento es la palabra de Jesús:

           “Sed Misericordiosos como vuestro Padre Celestial es Misericordioso”[12]


 


[1] Ibid.

[2] Diario, 65

[3] Diario, 300

[4] Diario, 699

[5] Diario, 420

[6] Diario, 1517

[7] Diario, 570

[8] Diario, 965

[9] Diario, 1109

[10] Diario, 742

[11] Diario, 965

[12] Luc.6,36

 

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