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-------------------------------  Actualizado el miércoles 09 de abril de 2003   ---------------------------

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

LA NOVENA DE LA DIVINA MISERICORDIA

       Jesús pidió a Santa Faustina que la Fiesta de la Misericordia fuera precedida por una novena, que ha de iniciarse el Viernes Santo. El mismo Señor indicó las intenciones por las que ha de ser aplicada cada día la novena. Con estas palabras nos relata la Santa el mandato recibido de Cristo:

      “Jesús me manda hacer una novena antes de la Fiesta de la Misericordia y debo empezarla hoy (Viernes Santo) por la conversión del mundo entero para que se conozca la Divina Misericordia”.

Día 1º

Día 2º

Día 3º

Día 4º

Día 5º

Día 6º

Día 7º

Día 8º

Día 9º

 

    

        PRIMER DÍA DE LA NOVENA

    “Hoy tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores y sumérgelos en el mar de Mi Misericordia. De esta forma Me consolarás de la amarga tristeza en que Me sume la pérdida de las almas”

      Oración:

     Oh Misericordioso Jesús, cuyos principales atributos son la Misericordia y el Perdón, no mires nuestros pecados, sino la esperanza que tenemos en tu infinita Bondad; tómanos a todos bajo la protección de tu misericordioso Corazón y a ninguno rechaces. Te lo rogamos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo, en la unidad de la Santísima Trinidad.

      Y Tú, oh Padre Eterno, mira con los ojos de tu Misericordia a toda la humanidad y sobre todo a los pobres hijos tuyos, cuya única esperanza es el Corazón Misericordioso de tu Hijo y Señor Nuestro Jesucristo. Por los méritos de su dolorosa Pasión, derrama sobre nosotros tu Misericordia, a fin de que glorifiquemos  por todos los siglos tu bondad y tu omnipotencia. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

        SEGUNDO DIA

      “Hoy tráeme a los sacerdotes y a los religiosos, y sumérgelos en Mi Misericordia insondable. Fueron ellas las que Me dieron fortaleza para soportar Mi amarga Pasión. A través de ellas como a través de canales, Mi Misericordia fluye hacia la humanidad”

        Oh misericordioso Jesús, fuente de todo bien, acrecienta la gracia en las almas de los sacerdotes y religiosos a fin de que puedan cumplir con decoro y con fruto sus deberes en tu viña. Haz que ellos con la palabra y con el ejemplo conduzcan a todos los hombres a honrar a tu Divina Misericordia.

          Y Tú, oh Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia a todos aquellos que trabajan en tu viña, las almas de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas que son objeto de la predilección especial de tu Hijo y Señor Nuestro Jesucristo. Protégelos con la fuerza de tu bendición y concédeles tu luz, de manera que llenos de celo guíen a los fieles por el camino de la salvación y les transmitan tu Misericordia. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

  

TERCER DÍA

         “Hoy tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas en el mar de Mi Misericordia. Estas almas Me consolaron a lo largo del Vía Crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura"

       Oh Misericordioso Jesús, que derramas sobre todos los hombres copiosas gracias que proceden del tesoro de la Divina Misericordia, acoge a todos los fieles cristianos bajo la protección de tu Corazón misericordioso y a ninguno rechaces. Te rogamos por el Amor que te une con el Padre y el Espíritu Santo en la unidad de la Santa y Misteriosa Trinidad.

        Y Tú, oh Padre Eterno, mira con los ojos de tu Misericordia las almas de tus fieles y por la dolorosa Pasión de tu Hijo dales tu bendición, sosteniéndolas con tu constante protección. Haz que no pierdan jamás tu amor y el tesoro de la santa fe sino que exalten tu Divina Misericordia juntamente con el ejercito de Angeles y Santos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 

CUARTO DÍA

        “Hoy tráeme a los paganos[1] y a aquellos que todavía no Me conocen. También pensaba en ellos durante Mi amarga Pasión y su futuro celo consoló Mi Corazón. Sumérgelos en el mar de Mi Misericordia”

        Oh misericordioso Jesús que eres la luz del mundo, acoge bajo la protección de tu Corazón misericordioso las almas de los no cristianos y a cuantos no te conocen. Haz que un rayo de tu gracia los ilumine, para que con nosotros también ellos exalten las maravillas de tu Misericordia por toda la eternidad. Y Tú, Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia las almas de los que aún no creen en Cristo y de los que no conocen aún el Corazón misericordioso de tu Hijo. Ilumínalas con la luz del Santo Evangelio, a fin de que comprendan la felicidad que es amarte y exaltar tu Misericordia por toda la eternidad. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

  

QUINTO DÍA

         “Hoy tráeme a los herejes y los cismáticos[2], y sumérgelos en el mar de Mi Misericordia. Durante Mi amarga Pasión desgarraron Mi Cuerpo y Mi Corazón, es decir, Mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia Mis llagas cicatrizan y de este modo alivian Mi Pasión”

        Oh misericordioso Jesús, que eres la misma bondad y no rehusas tu luz a quien confiado en Ti la implora, toma bajo la protección de tu misericordioso Corazón las almas de los hermanos separados de la plena comunión y atráelos con la ayuda de tu gracia al seno de la santa Iglesia a fin de que junto con nosotros exalten tu Misericordia liberadora por toda la eternidad.

          Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia las almas de aquellos que están lejos de la verdadera fe y viven en el error. Recuerda el amor de tu Hijo y su dolorosa Pasión en la cual con tanto fervor te pedía: “que todos sean uno como nosotros”[3]. Haz que la Iglesia llegue pronto a la Unidad anhelada para todos los que creemos en tu Hijo y juntos podamos glorificar tu Misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

SEXTO DÍA

        “Hoy tráeme a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños y sumérgelas en Mi Misericordia. Estas son las almas más semejantes a Mi Corazón. Ellas Me fortalecieron durante Mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de Mis altares. Sobre ellas derramo torrentes de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir Mi Gracia; concedo Mi confianza a las almas humildes”

         Oh misericordioso Jesús, Tú que has dicho: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”, acoge bajo la protección de tu misericordioso Corazón las almas de los niños y de aquellos que hechos mansos y humildes se asemejan a ellos. Florezcan ante el Padre Celestial como flores perfumadas que alegren el cielo. Haz que estas almas permanezcan firmes en tu Corazón y exalten tu Misericordia por toda la eternidad.

           Y Tú, Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia a los niños y a las almas mansas y humildes que son más semejantes a tu amado Hijo. Te rogamos, por el gozo que ellas te dan, nos concedas tu bendición extendiéndola al mundo entero, para así poder exaltar tu Misericordia por toda la eternidad. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

SÉPTIMO DÍA

        “Hoy tráeme a las almas que veneran y glorifican Mi Misericordia de modo especial y sumérgelas en Mi Misericordia. Estas almas son las que más lamentaron Mi Pasión y penetraron más profundamente en Mi espíritu. Ellas son un reflejo viviente de Mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un resplandor especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte”

        Oh Jesús misericordioso, Tu corazón lleno de compasión es el mismo Amor. Acoge bajo la protección de tu misericordioso Corazón a las almas que se han dedicado particularmente a la adoración de la Divina Misericordia exaltando sus grandezas. Asiste a las almas que toman todas sus fuerzas de la gracia divina, y que unidas a Ti, en el dolor y en la prueba, quieren llevar sobre sus débiles hombros el enorme peso del mal que aflige a la humanidad entera. Concédeles el don de la perseverancia, de la fortaleza y de la paciencia.

        Y Tú, Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia las almas de aquellos que con especial celo la adoran y que con palabras y obras Te glorifican e imitan siendo misericordiosos con sus hermanos; te rogamos concedas a estas almas que llenas de esperanza recurren a Ti, la inmensa gracia de tu Misericordia, según tu promesa de “protegerlos en todas partes como a tu propia gloria, siempre y especialmente en la hora de la muerte”. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria

  

OCTAVO DÍA

         “Hoy tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi Misericordia. Que los torrentes de Mi Sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre... Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia”

         Oh misericordioso Jesús que has dicho: “Sed misericordiosos como lo es mi Padre que está en los cielos”, toma bajo la protección de tu Corazón misericordioso a las almas del Purgatorio. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotan de tu Corazón misericordioso apaguen las llamas del Purgatorio, a fin de que también allí sea alabada la infinita potencia de tu Misericordia.

         Y Tú, Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia a las pobres almas del Purgatorio; por la dolorosa Pasión de Jesucristo y la amargura que en aquellas horas llenó su Corazón, manifiesta tu Misericordia con aquellos que están sujetos a tu justicia. Te rogamos mires a estas almas sólo a través de las llagas de tu amado Hijo cuya Misericordia supera a toda Justicia. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria

 

NOVENO DÍA

         “Hoy tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de Mi Misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren Mi Corazón. A causa de las almas tibias Mi Alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de Mí este cáliz, si es Tu voluntad. Para ellas las última tabla de salvación consiste en recurrir a Mi Misericordia”[4]

        Oh misericordioso Jesús que eres la Bondad misma, acoge bajo la protección de tu Corazón misericordioso a todas las almas tibias que semejantes a cadáveres en putrefacción te llenaron de horrores en Getsemaní. Derrite el hielo de estas almas con el fuego de tu purísimo amor para que puedan ellas exaltar tu Misericordia por toda la eternidad.

         Y Tú, Padre Eterno, mira con ojos de Misericordia las almas tibias; por la dolorosa Pasión de tu muy amado Hijo y por la agonía de su Cruz, te rogamos las inflames con nuevo celo por tu gloria, derrama en sus corazones el verdadero amor, para que haciendo obras de misericordia aquí en la tierra puedan exaltar tu Divina Misericordia por toda la eternidad. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


 


[1] Jesús originalmente usó las palabras “los paganos”. Desde el pontificado de Juan XXIII, la Iglesia ha juzgado apropiado el reemplazo de este término por la denominación “los que no creen en Cristo” y “los que no conocen a Dios” (Nota del traductor)

[2] Las palabras originales de Jesús son “herejes y cismáticos”, ya que El habló a Santa Faustina según el contexto y modo de hablar de su tiempo. Desde el Concilio Vaticano II, las autoridades eclesiásticas han considerado impropio usar esas denominaciones según las explicaciones expuestas en el Decreto Conciliar sobre el Ecumenismo (n.3). Es apropiado usar en su lugar el término “hermanos separados”. Sin embargo con el tiempo la Iglesia ha decidido usar todavía otra denominación: “hermanos que creen en Cristo” (Nota del traductor)

[3] Jn.17,11

[4] Diario, ns. 1210, 1212, 1214, 1216, 1218, 1220, 1224, 1226, 1228

 

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