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EL ROSARIO DE LA DIVINA
MISERICORDIA
Jesús manifestó a Santa Faustina su deseo de que cada día se rezase
un rosario tal como Él mismo se lo enseñó, para implorar al Padre
misericordia para toda la humanidad. En 14 ocasiones le habló el
Señor a Santa Faustina de este rosario, lo que nos indica la
importancia que Jesús ha dado al rezo de este rosario para recibir
su misericordia. La primera vez que Jesús le habló de esta oración
fue el 13 de octubre de 1935. Ella nos lo relata así:
“Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel ejecutor de la
ira de Dios... me puse a rogar a Dios por el mundo con las palabras
que oía dentro de mí y que son estas: “Padre Eterno, Te ofrezco el
Cuerpo y la Sangre, el alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y
los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de
nosotros y del mundo entero”[1]
A la mañana siguiente el Señor le indicó la estructura
completa de esta oración, que es similar a la del rosario mariano.
El Señor le fue manifestando a Santa Faustina las gracias
extraordinarias que quería derramar sobre los hombres, y
especialmente sobre los pecadores, por medio del rezo de este
rosario:
“Reza incesantemente este rosario que te he enseñado.
Quienquiera que lo rece recibirá gran misericordia a la hora de la
muerte”.
[2]
“Por medio de este rosario obtendrás todo lo que me pides,
si lo que me pides está de acuerdo con mi Voluntad”[3]
“Cuando un pecador, por más grande que sea, rece este
rosario con confianza y amor, llenaré su corazón de paz.”[4]
“Quiero que mis sacerdotes recomienden el rezo de este
rosario como última esperanza de salvación, por los pecadores”[5]
“Cuando se rece este rosario al lado de un moribundo, me pondré
entre mi Padre y el alma del agonizante como un Redentor
Misericordioso.”[6]
“Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que
recen este rosario; las entrañas de Mi Misericordia se estremecen
por quienes lo rezan”.[7]
“Hija Mía, me son muy agradables las palabras de tu
corazón y por el rezo del rosario de la Misericordia acercas a Mí a
la humanidad entera”.[8]
“Hija Mía, anima a las almas a rezar el rosario de la
Misericordia que te he enseñado. A quienes lo recen les daré lo que
me pidan. Cuando lo recen los pecadores empedernidos, colmaré sus
almas de paz y la hora de su muerte será feliz... Proclama que
ningún alma que ha invocado mi Misericordia ha quedado defraudada ni
ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que
confía en Mi bondad”.[9]
No cabe más clara manifestación de cercanía y disposición de acoger
en su seno a toda la humanidad. Jesús se desborda en Misericordia,
especialmente con aquellos que estando alejados de Él, vuelven a Él
sus ojos y su corazón, aquellos que habiéndole ofendido regresan
arrepentidos a sus brazos. Siempre los encontrarán abiertos como los
de una madre no para reprender ni castigar sino para abrazar y
estrechar al hijo contra su corazón, cubrirlo de ternura y de besos
y darle todos los tesoros de su casa. Ésa es la esencia del Padre y
ésa es la misión del Hijo. Ser Misericordioso como su Padre
Celestial es Misericordioso. Sólo pide confianza en su Palabra y
abandono en su Misericordia.
[9] Diario, 1541
MODO DE ORAR CON
EL ROSARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA
Comienza con un Padre
Nuestro, Ave María y Gloria. Sigue el Credo al empeza. Luego con
las cuentas del rosario normal reza 5 decenas. Cada decena
comienza diciendo:
Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la
Divinidad de tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como
propiciación por nuestros pecados y los pecados del mundo
entero.”
Sigues diciendo
en cada cuenta:
Por su dolorosa
Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero. (diez
veces)
Al
terminar las cinco decenas dices tres veces:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo
Inmortal, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.”[10]
Es
costumbre piadosa terminar el rosario con una Salve a quien es
la Madre de la Misericordia, la Virgen María.
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